Durante el verano, basta con detenerse unos segundos en cualquier semáforo para comprobarlo. Muchas de las mujeres que utilizan scooters para ir al trabajo, hacer recados o desplazarse por la ciudad, lo hacen con la misma ropa que llevarían caminando. Y eso incluye, en muchísimas ocasiones, sandalias, alpargatas abiertas o incluso chanclas.
Es una elección lógica desde el punto de vista de la comodidad, especialmente cuando las temperaturas superan los 35 grados en buena parte de España. Sin embargo, esa costumbre tendrá fecha de caducidad. La reforma del Reglamento General de Circulación establece que, desde el próximo 1 de octubre de 2026, será obligatorio utilizar «calzado cerrado» tanto para conducir una motocicleta o un ciclomotor como para viajar de pasajero, independientemente de que el trayecto sea urbano o por carretera.
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El cambio afectará especialmente a las usuarias de scooter
Aunque la norma será exactamente igual para todos los motoristas, probablemente donde más se notará será entre las mujeres que utilizan scooters como medio de transporte diario. Este tipo de vehículos se emplean principalmente para desplazamientos urbanos, recorridos cortos y trayectos cotidianos, donde hasta ahora era muy frecuente combinar un estilo de vestir completamente informal con un calzado abierto, especialmente durante los meses de verano.
La nueva regulación de la DGT obliga a cambiar ese hábito. A partir de octubre, unas sandalias o unas chanclas dejarán de ser compatibles con la conducción de un scooter, aunque el recorrido sea de apenas unos cientos de metros.
Además, también cambia para quien viaja detrás. Sí, la norma no distingue entre quien conduce y quien ocupa el asiento del pasajero. Eso significa que una acompañante tampoco podrá viajar con sandalias o chanclas, incluso aunque únicamente vaya a recorrer unos minutos por ciudad. Además, cuando el trayecto discurra por carreteras convencionales, autovías o autopistas, tanto la conductora como la pasajera deberán utilizar guantes de protección.
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La seguridad está detrás de esta decisión de la DGT
La DGT, y los expertos, lleva años recomendando evitar cualquier calzado que deje el pie desprotegido. En una caída, incluso circulando a baja velocidad por ciudad, los pies suelen ser una de las primeras partes del cuerpo que golpean el asfalto o quedan atrapadas entre la motocicleta y el suelo. Un calzado abierto apenas ofrece protección frente a abrasiones o impactos.
Por ese motivo, lo que hasta ahora era una recomendación pasa a convertirse en una obligación legal.
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La multa de la DGT será de 200 euros
Circular con un calzado que no cumpla la normativa será considerado una infracción grave y podrá sancionarse con 200 euros. Y hay un detalle importante: si quien incumple la norma es la pasajera, la sanción recaerá sobre la persona que conduce la motocicleta.
Con esta reforma, la DGT busca que una escena tan habitual como ver scooters circulando por la ciudad con conductoras o pasajeras en sandalias deje de formar parte del paisaje urbano a partir del próximo otoño.
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