Como todos sabemos, y os contamos con todo detalle hace poco, la próxima reforma del Reglamento General de Circulación de la DGT traerá importantes novedades para los motoristas en España. Entre ellas, la obligación de utilizar calzado cerrado en cualquier tipo de vía, además del uso obligatorio de guantes homologados en carreteras interurbanas y la exigencia de que el casco esté homologado conforme a la normativa vigente.
Y se nos viene a la cabeza uno de los inventos más “llamativos” que ha dado el mundo de las 2 ruedas: las “MotorSandal”, unas chanclas creadas específicamente para conducir una motocicleta.
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Las “Motorsandal”: Un invento ingenioso, pero…
Hace ya unos añitos, desde la India llegó un producto que llamó la atención de motoristas de todo el mundo, y del que nos hicimos eco. Sus creadores pretendían resolver uno de los principales problemas de quienes conducen con chanclas: la escasa protección y la dificultad para manejar correctamente los mandos de la moto.
Las bautizaron como “MotorSandal” y, a simple vista, parecían unas sandalias convencionales. Sin embargo, escondían una serie de soluciones diseñadas para la conducción y que, además, las convertían en un producto único.

De hecho, incorporaban un refuerzo sobre el dedo gordo del pie para evitar el desgaste provocado por la palanca de cambios, una protección lateral para aislar el calor del escape y una zona reforzada en la suela para mejorar el apoyo sobre el pedal del freno. Incluso contaban con un refuerzo de fibra de vidrio en la zona de la estribera, una correa adicional para sujetar mejor el pie, y un elemento reflectante en la parte trasera para aumentar la visibilidad. Sobre el papel, no les faltaba prácticamente ningún detalle.
Sin embargo, toda esa ingeniería tenía una limitación imposible de solucionar: seguían siendo unas simples chanclas. El empeine, los laterales del pie, el tobillo y buena parte de los dedos permanecían completamente expuestos ante cualquier caída o impacto. Obviamente, en una moto, incluso un accidente a baja velocidad puede provocar abrasiones muy graves si el pie entra en contacto con el asfalto, además de fracturas u otro tipo de lesiones por aplastamiento.
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Precisamente por eso, el equipamiento específico para moto ha evolucionado durante décadas apostando por botas y zapatos que protegen todo el pie, incorporan refuerzos internos, materiales resistentes a la abrasión y sistemas que reducen el riesgo de torsiones o impactos.
Sin duda, las “MotorSandal” eran un ejercicio de creatividad, pero también una demostración involuntaria de que hay problemas que no pueden resolverse únicamente añadiendo protecciones a un calzado que, por su propia concepción, deja gran parte del pie al aire.
La nueva normativa de la DGT va precisamente en esa dirección
Como os comentamos al principio, la actualización del Reglamento General de Circulación pretende reforzar la seguridad de los motoristas mediante la obligatoriedad de determinados elementos de protección. Y entre las novedades destaca el uso obligatorio de calzado cerrado tanto en ciudad como en carretera.
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Esta medida no es casual. Las extremidades son algunas de las partes del cuerpo que con mayor frecuencia sufren lesiones en los accidentes de moto, especialmente en los pies, tobillos y manos. Y, como todos sabemos, reducir la gravedad de esas lesiones mediante un equipamiento adecuado es uno de los objetivos de esta reforma.
Con la llegada del verano y el calor sofocante, muchos motoristas se plantean si merece la pena renunciar a parte del equipamiento para combatir el calor. Es una decisión comprensible, pero también demasiado arriesgada.
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Existen en el mercado zapatillas y botas de moto con amplios paneles de ventilación, tejidos técnicos y membranas transpirables que ofrecen una sensación mucho más fresca que hace unos años, y todo sin renunciar a la protección. Incluso los modelos urbanos permiten caminar con comodidad una vez se baja de la moto, algo impensable hace apenas una década.
Las “MotorSandal” intentaron ofrecer una alternativa diferente y, sin duda, consiguieron llamar la atención por su originalidad. Sin embargo, el paso del tiempo y la evolución de la seguridad han demostrado que ninguna chancla, por sofisticada que sea, puede sustituir a un calzado diseñado para proteger realmente el pie de un motorista.
La nueva normativa de la DGT no hace más que reforzar una recomendación que los fabricantes de equipamiento y los expertos en seguridad llevan años repitiendo: cuando se conduce una moto, el calzado no es un simple complemento. Es un elemento de protección que puede marcar la diferencia entre una lesión leve y una mucho más grave.
