Conducir una moto de noche siempre ha exigido una atención especial. La menor protección frente a las inclemencias meteorológicas, la ausencia de carrocería y la propia vulnerabilidad del motorista hacen que cualquier pérdida momentánea de visibilidad tenga consecuencias potencialmente más serias. Ahora bien, en los últimos años hay un enemigo más que se ha convertido en habitual en las carreteras: los faros de los coches más modernos.
La llegada masiva de la tecnología LED, los sistemas matriciales, los faros adaptativos y los grupos ópticos cada vez más sofisticados ha permitido iluminar mucho mejor la carretera. El problema aparece cuando toda esa tecnología termina enviando «demasiada luz» hacia los ojos de quien circula en sentido contrario. Y ahí es donde los moteros tienen motivos para estar especialmente preocupados.
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El problema no es simplemente que los faros sean más potentes
La sensación de muchos conductores es que los coches actuales llevan faros mucho más brillantes que los de hace unos años. Sin embargo, el fenómeno es bastante más complejo. El propio Insurance Institute for Highway Safety (IIHS) lleva años analizando el comportamiento de los sistemas de iluminación y no establece una relación automática entre tecnología LED y deslumbramiento. De hecho, sus pruebas demuestran que es posible tener unos faros que iluminen muy bien la carretera y, al mismo tiempo, reduzcan las molestias para quienes circulan de frente. Si, ya…
La evolución también ha sido positiva en determinados aspectos. Según los datos más recientes del IIHS, solo el 5% de los sistemas de faros analizados para vehículos del año modelo 2026 presentaban un deslumbramiento excesivo, frente al 21% registrado en 2017. El problema, por tanto, no es que todos los coches modernos sean necesariamente peores, sino que todavía existen sistemas capaces de generar un deslumbramiento muy molesto.
Como es lógico, el diseño del vehículo también influye. Un SUV o una pick-up con una posición de los faros más elevada puede proyectar la luz directamente hacia los retrovisores y el campo de visión de un vehículo más bajo. Para un motorista, la situación puede resultar todavía más incómoda. Y luego está el factor más sencillo de todos: un faro perfectamente diseñado puede convertirse en un problema si está mal orientado.
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Un faro mal regulado puede convertirse en un auténtico peligro
La altura de los grupos ópticos, su orientación y el funcionamiento de las luces largas automáticas son elementos fundamentales para entender por qué algunos vehículos deslumbran tanto. El National Highway Traffic Safety Administration (NHTSA) lleva décadas investigando el deslumbramiento de los faros y reconoce que puede afectar a la visión nocturna. Sus propios trabajos señalan que la resistencia al deslumbramiento disminuye con la edad y que la luz procedente de otros vehículos puede reducir la capacidad del conductor para percibir correctamente lo que sucede delante. Es decir, un peligro que vemos, o lo vemos tarde y mal.
Además, la investigación sobre iluminación de vehículos continúa abierta. Un estudio presentado recientemente en el marco de investigaciones relacionadas con la seguridad vial recoge una preocupación creciente entre los conductores por los faros demasiado intensos y apunta a varios factores que pueden aumentar el deslumbramiento: la intensidad de la luz, el tono de los LED, la altura de montaje, la orientación del faro y el funcionamiento de los sistemas automáticos de luces largas. Como no nos cansaremos de repetir.
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Para quien circula en moto, la combinación puede ser especialmente peligrosa. El motero no dispone de la protección visual que ofrece el parabrisas de un automóvil y, cuando recibe directamente el haz de un vehículo que se aproxima, puede perder durante unos segundos buena parte de la capacidad para distinguir el trazado de la carretera y lo que tiene delante.
Eso, en una curva, en una carretera secundaria o simplemente al encontrarse con un bache, puede ser mucho más que una molestia. Puede causar un accidente, “sin comerlo ni beberlo”
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Tesla y GM han tenido que responder por sus sistemas de iluminación
El debate ha alcanzado incluso a algunos de los fabricantes más importantes del mundo. En Estados Unidos, la regulación y las investigaciones de la NHTSA han puesto en el foco determinados problemas relacionados con los sistemas de iluminación. Uno de los casos mencionados en los últimos años es el de Tesla y algunos Model 3 y Model Y. La documentación relacionada con los procedimientos de seguridad estadounidenses ha puesto sobre la mesa la cuestión de los faros que pueden superar determinados límites de iluminación en circunstancias concretas.
Pero Tesla no es un caso aislado. General Motors también ha tenido que afrontar campañas relacionadas con problemas específicos de iluminación. En 2022, por ejemplo, la NHTSA publicó documentación sobre una llamada a revisión de determinados GMC Terrain fabricados entre 2010 y 2017 debido a una reflexión en el conjunto óptico que podía proyectar un haz de luz por encima de los límites establecidos.
La cuestión, por lo tanto, no consiste simplemente en prohibir los LED o en volver a tecnologías antiguas. El verdadero reto está en conseguir que los vehículos puedan iluminar más y mejor sin convertir esa mejora en un problema para quienes circulan en dirección contraria e incluso en moto.
La paradoja para los motoristas: necesitamos ser vistos, pero también poder ver
Aquí aparece una curiosa contradicción que afecta directamente a las motos. Durante décadas, uno de los principales objetivos de seguridad para los motoristas ha sido aumentar su visibilidad frente al resto de usuarios. La propia NHTSA considera que el uso permanente del faro delantero ayuda a mejorar la visibilidad de las motocicletas y recuerda que la capacidad de los automóviles para detectar a una moto es un factor crítico en numerosos accidentes.
Pero cuanto más generalizado está el uso de luces diurnas y faros delanteros en los coches, más difícil resulta que el faro de una moto destaque entre el tráfico. Y cuando llega la noche aparece el segundo problema: «necesitamos que los demás nos vean, pero también necesitamos poder ver nosotros».
La solución pasa por mejorar la regulación de los sistemas de iluminación, controlar con mayor precisión su orientación y seguir desarrollando tecnologías capaces de adaptar el haz de luz sin molestar a los demás. Los faros modernos pueden ser extraordinariamente buenos, pero la tecnología solo cumple su función cuando ilumina el camino sin convertir al resto de usuarios en víctimas de su propia potencia. Porque para un motorista, un segundo de deslumbramiento puede parecer una eternidad.
Y si ocurre en una carretera oscura, en una curva y a cierta velocidad, no es precisamente una situación en la que apetezca comprobar cuánto tardan nuestros ojos en recuperar la visión nocturna.
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