Hace apenas unos días se hacía pública la nueva norma de la DGT. Un documento donde se expone de manera detallada el nuevo Real Decreto de Usuarios Vulnerables. Una normativa donde por primera vez se establece la figura del “usuario vulnerable de la vía”. Esta, según la propia descripción aportada en el mismo es “aquel que, por el medio de desplazamiento que utiliza o por sus características físicas, tiene un mayor riesgo de sufrir lesiones graves en caso de accidente”.
Dentro del citado documento se detallan, entre otros, los cambios que afectará directamente al gremio de los motoristas. Como ya explicamos en su momento a partir del próximo 1 de octubre será de obligado cumplimiento llevar botas, chaqueta y guantes homologados cuando decidamos desplazarnos en motocicleta.
No un equipamiento cualquiera comprado en AliExpress o traído desde la otra parte del mundo, no. Uno homologado y certificado según la normativa actual. Es decir, usted, amigo lector y un servidor, a partir de ahora deberemos de mirar (por obligado cumplimiento), por nuestra seguridad e integridad física, por más que algunos de esos que se hacen llamar moteros lleven toda la vida haciendo justamente lo contrario.
Por una vez (esa es mi sensación personal tras conocer la normativa), la DGT ha tomado las directrices correctas sobre esta materia en cuestión. Aunque algunos sigan convencidos que esta decisión es única y exclusivamente “pa´ sacarnos los cuartos”, también servirá para que el colectivo motero ande en moto un poco más protegido que hasta ahora.
Algunas dudas sobre el cumplimiento de la nueva norma de la DGT
Sin embargo, y es aquí donde en lo personal me asaltan las dudas, no estoy muy convencido de que muchos de aquellos usuarios que hasta ahora no usaban guantes, botas y chaqueta específica para moto vayan a hacerlo a partir del 1 de octubre. Me explico. Analizando objetivamente las últimas normativas relacionadas con la seguridad vial y el resultado real de las mismas, temo que esta última, la que más nos afecta a los moteros, terminará diluyéndose en la práctica.
Entre otras cosas porque muchos de aquellos que opten por saltársela saben con conocimiento de causa, que es bastante improbable que terminen multándolos cada vez que la infrinjan. Un buen ejemplo comparativo lo tenemos con el asunto de los patinetes eléctricos. Supuestamente, desde el pasado 1 de enero todos los usuarios de este tipo de vehículo deben de circular con casco y haber contratado un seguro de responsabilidad civil.
Me parece a mí, llámame loco, que son una inmensa minoría los que han entrado por el aro. La mayor parte de personas que emplean uno de estos para moverse siguen como antes de la aprobación de la norma; sin casco ni seguro. No me lo ha contado nadie, los veo a diario circulando en el pueblo por encima de las aceras; jugándose la vida en carreteras comarcales y nacionales y, los más atrevidos, incluso subidos a dúo encima de la escueta plataforma destinada para acoger legalmente a una sola persona.
Esto no es todo. Para nada. Una vez más hablo desde la propia experiencia. Esto no es otra cosa que ver como las autoridades locales hacen la vista gorda. No sin razón; otras muchas cosas priman a la de estar deteniendo a gente descerebrada sobre un patinete eléctrico. Podéis preguntarle personalmente a cualquiera de los que viste uniforme de Municipal en vuestra localidad, o de Guardia Civil de Tráfico.
Yo ya lo he hecho y el panorama no es nada halagüeño en este sentido: “Estamos literalmente desbordados”, me comentaba recientemente un buen amigo dedicado a este gremio. Salvo en contadas excepciones, generalmente flagrantes hasta decir basta, u operativos específicos desplegados para tal fin, las autoridades locales no actúan con contundencia con el tema. Y vuelvo a reiterar lo anteriormente expuesto; hay asuntos infinitamente más importantes en lo que emplean su tiempo y recursos, generalmente escasos estos últimos.
Las chapuzas administrativas se acumulan una tras otra
Por si fuera poco tenemos otro caso bastante pragmático con este asunto: la baliza V16. Supongo que no hace falta a estas alturas explicar la chapuza legal y administrativa que ha supuesto el tema. Ya ni hablamos la ingente cantidad de usuarios que han decidido no comprar el chismecito de la discordia, entre los que me incluyo. Pregunto: ¿A alguien lo han parado para preguntarle si lleva la baliza o advertirle de las consecuencias de no hacerlo desde que entró en vigor la ley?…
Llegados a este punto, y extrapolando el tema al asunto que nos ha traído hasta aquí, mucho me temo que pasará demasiado tiempo hasta que la gente se conciencie realmente de lo importante que es ir equipado debidamente cuando montamos en moto. Paralelamente, es probable que los controles policiales para constatar que se cumple la ley sean más bien pocos.
Mucho menos aún cuando con el pasar del tiempo se dé por hecho que los usuarios han aceptado de buen grado la norma y, por ende, no haga falta seguir controlando el asunto de manera rutinaria, por órdenes directas desde instancias superiores. En definitiva esto es España, para lo bueno y para lo malo. El problema es que tenemos la asidua manía de auto boicotearnos una y otra vez.
Solo hay que echar un ojo al entorno (a cualquier nivel y en casi cualquier estamento) para constatarlo. Es por ello que muchos compañeros de afición seguirán yendo en chanclas en verano, con la chupa de cuero de su primo en invierno y en otros casos sin guantes homologados porque con ellos “no tengo buena sensibilidad en el tacto del gas”… O eso dicen.
De corazón; esperemos que todo esto solo sea la reflexión tonta del día de un simple redactor enajenado en el momento de escribir estas líneas. También que los datos al final de año de heridos y fallecidos en moto por no portar el equipamiento homologado confirmen lo primero. Y si de esperar se trata que todos y cada uno de nosotros hagamos lo correcto por el bien común general, pero sobre todo por el nuestro propio.











