No es fácil entender la manera en la que la Unión Europea está funcionando últimamente. Y con Unión Europea nos referimos a la Comisión Europea, al parlamento que decide todas esas medidas que regulan lo que pasa dentro de los 27 países miembros y que cada vez son más difíciles de entender.
Y no hablamos del taponcito de las botellas, no, hablamos de reformas de calado que afectan y afectarán a la vida de los más de 450 millones de habitantes dentro de sus fronteras. En el mundo de la automoción llevamos un tiempo viendo la implantación de sistemas que velan tanto por la seguridad como por las emisiones y que han hecho que, en efecto, los vehículos sean más seguros. Un claro ejemplo en las motos es la obligatoriedad del ABS, un elemento de seguridad activa importante.
Pero hay otros aspectos que tienen una peor recepción por parte de una gran parte de la población, y que son los que están llegando últimamente y los que están por llegar. Y es que la Comisión Europea está estudiando sistemas que puedan intervenir de manera automática en caso de superar el límite de velocidad.

Ahora mismo son muchos los vehículos nuevos que avisan de diferente manera al superar los límites de velocidad, y que son denominados como sistemas ISA (Intelligent Speed Assistance). Son obligatorios en todos los coches homologados en la UE desde 2022 y tienen que estar instalados en todos los coches nuevos vendidos desde julio de 2024.
En este caso la diferencia estaría en que ahora mismo estos sistemas pueden mostrar avisos visuales, emitir alertas sonoras o añadir resistencia al acelerador cuando detectan que se supera el límite, pero incluso se pueden desconectar o anular su intervención. Mientras, lo que está estudiándose es que con tecnología basada en posicionamiento por satélite, mapas GPS y cámaras a bordo se pudiera actuar sobre la respuesta del vehículo.
Por ahora esta medida que estudia la Unión Europea no deja claro si afectaría o no a las motos
Si este tipo de sistemas en un coche ya supondría una serie de riesgos que habría que ver cómo se solucionan, por ejemplo un adelantamiento que por necesidades requiere rebasar esos límites por mera seguridad, en el caso de las motos actuar directamente sobre ellas aumentaría el riesgo de caída.
A esto hay que sumar todas las cuestiones meramente funcionales y es que viendo el estado de las carreteras actualmente, algo que parece no importar demasiado a ningún gobierno en cuanto a las víctimas que causa se refieren, cabría la posibilidad de límites temporales no indicados, desactualizaciones y un sinfín de imprevistos que, siendo sinceros, el lento elefante que es la UE y su burocracia tendría difícil prever y solucionar.
Y es que sí, el gran problema en todo este tipo de regulaciones es que la mayor parte de quienes terminan tomando las decisiones que nos influyen a todos en nuestro bolsillo y nuestra seguridad muchas veces no cuentan ni con el conocimiento ni con el interés necesario, moviéndose y valga la redundancia por intereses bien partidistas o presionados por algún lobby.

Ese es uno de los motivos, no cabe duda, de que cada nueva iniciativa que sale de Bruselas se reciba cada vez con más escepticismo por parte de una ciudadanía que lo único que nota es que cada decisión que se toma le afecta negativamente al bolsillo. Y es que no hay que olvidar que implementar toda esta tecnología no es fácil ni barato. Habrá que esperar a futuras decisiones para ver en qué queda todo esto, pero cuando el río suena…
Eso sí, esta posible regulación dejaría otra pregunta para responder más adelante ¿qué pasaría con las multas por exceso de velocidad? Quizás es algo en lo que no han caído, quien sabe.





