La propuesta de Kijima del salón japonés, no solo recupera elementos visuales del pasado, sino que plantea una reflexión directa sobre cómo ha cambiado el diseño de las motos en las últimas décadas, cada vez más condicionado por la aerodinámica, la electrónica y la eficiencia, y mucho menos por la emoción visual del metal expuesto y las formas puras.
Como todos sabemos, a finales del siglo XX el diseño de motocicletas dio un giro radical. La influencia de los túneles de viento, las normativas de emisiones y la búsqueda de eficiencia aerodinámica empujaron a las marcas hacia carenados más complejos, superficies cerradas y formas cada vez más angulosas. El resultado fue una estética funcional, pero en muchos casos alejada del carácter que definió a las motos clásicas.
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Y, como estamos viendo, el movimiento retro, vintage, o como lo quieras llamar, ha ganado fuerza en los últimos años, precisamente como reacción a esa evolución. Modelos como la GB350C o la Meguro S1 representan una reinterpretación moderna de esa filosofía, donde el motor, el chasis y los detalles metálicos vuelven a ser los protagonistas.
Es ahí precisamente donde Kijima entra en juego, llevando ese lenguaje un paso más allá con piezas que no solo evocan el pasado, sino que lo reinterpretan.

Honda GB350C Kijima
El primer kit desarrollado por Kijima sobre la Honda GB350C se articula en torno a la idea de “romance”. Un término que, en este caso, no se refiere a lo sentimental en sentido estricto, sino a la conexión directa entre piloto, máquina y entorno.
El kit incluye grandes protectores de piernas inspirados en los utilizados en motos urbanas de la era “Showa”, diseñados originalmente para proteger del frío, la lluvia y el barro. A ello se suman elementos en aluminio mecanizado que simulan aletas de refrigeración del motor, una bolsa de herramientas de cuero y soportes laterales para alforjas.
El resultado transforma la GB350C en una moto con vocación claramente rutera, sin perder su esencia monocilíndrica. La idea de Kijima no es alterar la base técnica, sino reforzar su carácter visual y práctico con accesorios de montaje directo, sin necesidad de modificar de forma permanente la moto.
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Kawasaki Meguro S1 Kijima
El segundo kit se centra en la Kawasaki Meguro S1, junto a su filosofía de diseño basada en la “melancolía”. Aquí, Kijima no busca recrear el viaje, sino la memoria del viaje. Los recuerdos, como vemos, toman una importancia crucial.
El elemento más llamativo del kit es una placa metálica decorativa montada sobre el guardabarros delantero, inspirada en los emblemas clásicos de Meguro. Este tipo de detalles, habituales en las motos japonesas de décadas pasadas, vuelven a aparecer como homenaje a una época en la que el cromado y la artesanía tenían un peso mucho mayor en el diseño final.
A nivel funcional, el conjunto incorpora una solución especialmente interesante: un sistema de faros antiniebla LED integrado discretamente bajo los intermitentes. Una combinación que mantiene la estética retro sin renunciar a las exigencias de seguridad en la actualidad.
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Kijima ofrece un puente entre dos formas de entender la moto
Lo que propone Kijima con estos 2 proyectos no es únicamente una línea de accesorios, sino una lectura diferente del diseño de motos. Frente a la tendencia dominante de formas cada vez más agresivas y tecnológicas, la GB350C y la Meguro S1 sirven como base para recuperar una estética más visible, mecánica y, como nos cansaremos de repetir, emocional.
Kijima no mira únicamente al pasado, más bien plantea una pregunta al presente del mundo de las 2 ruedas: ¿cuánto de emoción se ha perdido en el camino hacia la eficiencia, y cuánto de ese carácter todavía puede recuperarse sin renunciar a la tecnología actual?
