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MüZ Mastiff 660: Denostada simpleza bañada de insólito atractivo

Cuando no se precisa de más para ser feliz a los mandos de una moto

Una mañana te lanzas a la carretera con tu querida TZR80RR sin saber que una decena de kilómetros después te toparás con la primera MüZ Mastiff 660 que has visto en tu vida. Sin duda un rara avis destinada a “ex ordinarius bikers”.

Es curioso como el destino, la casualidad o como queramos llamarlo, sabe que debe de poner en tu camino para hacerte feliz una mañana cualquiera. En el caso de un servidor, un petrolhead empedernido, toparse con una MüZ Mastiff 660 es el argumento casi perfecto para dar por buena una ruta de más de 140 kilómetros a lomos de una limitada TZR80RR. Si además es la primera vez que ves un ejemplar en directo, a tus 42 primaveras, la experiencia se puede convertir en orgásmica casi al instante.

Me ocurría hace apenas unos días cuando decidí salir a dar una vuelta en modo tranqui con la pequeña de casa. Mi VFR800 torció el morro cuando me vio colocar mis aposentos sobre la atractiva madura 2T. “Tranquila que a la próxima te toca a ti”, le dije interiormente a mi fiel compañera de rutas. Cosas de estar un poco grillado y dar por hecho que un simple pedazo de hierro, plástico y otros materiales, tiene un alma que solo unos pocos logramos atisbar.

Muz Mastiff 660: Denostada simpleza bañada de insólito atractivo

Experiencias filosóficas aparte, se me abrieron los ojos como platos cuando, haciendo una pequeña parada de rigor, escuchaba el borboteo emitido por la Mastiff 660 y su compañera de viaje, una preciosa Bimota DB10. Ambas desarrolladas bajo un mismo concepto, pero con filosofías totalmente distintas. Ya ni hablamos de la diferencia de edad, con lo que ello conlleva en aspectos mecánicos y tecnológicos.

El caso es que ambas aparcaron junto a mi pequeña deportiva noventera, y lo primero que hizo el alemán que iba a lomos de la DB10 fue preguntarme en un inglés algo enrevesado, si la TZR era “Two Stroke” (2T), a lo que contesté que sí. Respuesta que le sirvió a este para que se le iluminara la cara mientras daba vueltas a su alrededor y mirándome con el pulgar en alto, me ofreciera su aprobación motera por pilotar semejante belleza.

Muz Mastiff 660: Denostada simpleza bañada de insólito atractivo

Al rato de aquella extraña presentación se pusieron a hablar de sus cosas, mientras yo realizaba una foto al grupo de tres joyas allí dispuestas. Sin embargo, mi atención se desviaba de manera incontrolable hacia la silueta de la Mastiff 660. No solamente por ser un cacharro verdaderamente exclusivo en términos de unidades fabricadas. También por esa imagen única a medio camino entre una trail y una supermotard, con una clara influencia de “estilo Baja” que revoluciona hasta al más sereno.

MüZ Mastiff 660 en detalle

Contada la batallita de rigor, indispensable para poner en contexto el porqué de estas líneas y de tener a la MüZ Mastiff 660 como protagonista de las mismas, pasemos a hablar de esta en profundidad. Aunque no sin antes recomendaros que echéis un ojo al artículo especial que preparamos sobre el 30 aniversario de la MüZ Skorpion 660, de la que hereda precisamente la mecánica monocilíndrica que la impulsa.

Muz Mastiff 660: Denostada simpleza bañada de insólito atractivo

Sobre esto último hablamos del propulsor que se montaba en la sempiterna XTZ 660, asociada a la misma caja de cambios de 5 relaciones que montaba la japonesa en su tiempo, pero con una relación de cambio más cerrada para aprovechar mejor las prestaciones del impetuoso monocilíndrico sobre los terrenos favorables para la Mastiff 660. Esto es una carretera ratonera donde la alemana se convertía en una afilada arma, capaz de dar un susto a motos que la superaban ampliamente en prestaciones.

Hablamos de un motor monocilíndrico de cuatro tiempos y 659 cm³, refrigerado por líquido, inclinado 16° hacia delante y dotado eje de equilibrado para lograr reducir las vibraciones emitidas a lo largo del rango de rpm. Recordemos que esta mecánica equipaba un árbol de levas en cabeza accionado por cadena, con tres válvulas de admisión y dos de escape accionadas mediante balancines y con tornillo de ajuste.

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Alimentado por un carburador doble de 2 etapas Teikei 4NN00 de 26 mm de diámetro, la Mastiff 660 declaraba una potencia final de 50,3 CV a 6.500 rpm, disponiendo de hasta 57 Nm a 5.250 vueltas de par máximo. MüZ homologaba una velocidad máxima de 165 km/h, suficiente teniendo en cuenta el cometido para el que se había desarrollado esta Supermotard alemana.

Por su parte, el apartado dedicado a la dinámica de la Mastiff 660, chasis, frenada o suspensiones también mantenía la línea general de diseño y filosofía mostrada por el motor. Esto se traduce en un bastidor y basculante tubular de acero con una simple cuna desdoblada, asentado sobre una horquilla delantera Marzocchi de 45 mm y sin posibilidad de regulación, con 190 mm de recorrido. Detrás un monoamortiguador ajustable WP, con la misma distancia útil entre topes hacia el resto.

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La frenada quedaba a cargo de un equipo firmado por Grimeca, con sendos discos, uno por eje, de 298 mm y 245 mm delante y detrás respectivamente, accionados estos por una pinza de doble pistón y otra de tipo monopistón. Si bien el conjunto no era un referente en cuanto a eficiencia en condiciones de exigencia extrema, en pilotaje convencional lograba salir airoso en su tarea de detener los apenas 164 kilos en seco que declaraba la marca.

Pero más allá de la técnica, esta Mastiff 660 aglutinaba, y sigue haciéndolo, una serie de condiciones conceptuales que la convierten en una de esas motos llamadas a convertirse en una clásica por derecho. Empezando por un aspecto inspirado en las monturas que participan en las pruebas llamadas Baja, con una doble óptica delantera cubierta por una rejilla de protección frontal, junto a lo estilizado de sus fibras, firmadas estas por Acerbis.

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Por otro lado, nos encontramos una arquitectura técnica enfocada al Supermotard, como bien habida cuenta dan sus llantas de 17”. Sin embargo, estas últimas son de tipo radial, como se esperaría de un modelo trail. Para rematar tenemos detalles como su cuadro de instrumentos, compuesto de dos esferas, velocímetro y cuentavueltas, con acabados en cromado, más típico de modelos encasillados en otras categorías.

Con la Mastiff 660, MüZ quiso ofrecer a sus aficionados una moto distinta y muy personal, pero sin dejar de lado la eficiencia y un alto nivel de polivalencia. Además, empleando la misma plataforma sobre la que dio forma al modelo, llegó a comercializar otras dos variantes de Enduro y Supermoto: La MüZ Bagheera 660 y la BagheeraMoto, esta última a medio camino entre la Mastiff y la versión endurera.

Hubo diferentes versiones como la Baghira Streetmoto, Baghira Black Panther, pintada completamente de negro, o la Baghira Forest, con colores militares y destinada a las fuerzas armadas.

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Si bien presentan cambios menores en ambas versiones, MüZ logró aglutinar hasta tres opciones distintas sobre una misma plataforma. Estas variaciones estaban relacionadas, además de por el uso de una careta delantera adicional, nueva óptica frontal, cuadro de instrumentos y un guardabarros alto, por diferentes reglajes de suspensión y un disco delantero de 282 mm en el caso de la Bagheera estándar. Esta última también declaraba una velocidad máxima inferior, 160 km/h, un mal menor teniendo en cuenta el uso para el que estaba orientada; la conducción Offroad.

Sobre la Bagheera 660 apuntar que en 1998, la marca disputó el Rally París Dakar con el apoyo del importador de la marca en Francia. Según las crónicas de la época, dos de las cuatro motos que iniciaron la famosa prueba lograron finalizarla en las posiciones 36 y 53 respectivamente. Todo un mérito teniendo en cuenta que todas ellas participaron sin apenas modificaciones, más allá de equipar un protector de cárter y protecciones laterales, así como un depósito de combustible dotado de una mayor capacidad.

Muz Mastiff 660: Denostada simpleza bañada de insólito atractivo

Muz Mastiff 660 en la actualidad

No está claro cuantas unidades se llegaron a fabricar, y posteriormente comercializar, tanto de la MüZ Mastiff 660 como de las citadas Bagheera 660 y BagheeraMoto. Tras una exhaustiva comprobación en portales de venta de diferentes países europeos, solo hemos podido encontrar algún ejemplar suelto de las distintas variantes que ofrecía la marca alemana.

Con precios, por lo general, que se mueven en un ratio en torno a los 3.000 euros, tenemos la oportunidad de hacernos con una montura realmente inusual, pero que además atesora un nivel de polivalencia y fiabilidad fuera de toda duda.

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Jorge R. Guerrero
Jorge R. Guerrero
Jorge R. Guerrero es redactor del motor desde hace 10 años, abordando contenidos de actualidad y temas clave del sector. Su objetivo, con más de 25 años de experiencia en el mundo de las dos ruedas, es ofrecer información clara, ordenada y útil, ayudando al lector a mantenerse al día y a comprender mejor el segmento de la moto en todas sus vertientes. Amante de todo aquello que huela a “Old School”, disfruta cada segundo sabiéndose un Petrolhead empedernido.

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