Aunque el mercado de las motos eléctricas está creciendo con rapidez, la inmensa mayoría de modelos nacen pensando en el usuario civil. Pero, como ya os adelantamos hace un par de meses, la NorthForge Dispatch rompe completamente con esa filosofía. No deriva de una moto de serie ni adapta componentes comerciales, sino que ha sido concebida desde cero para responder a los requisitos de las fuerzas armadas, donde la resistencia, la facilidad de reparación y la discreción pueden marcar la diferencia durante una misión.
Tras casi 4 años de desarrollo junto a miembros de las Fuerzas Armadas canadienses y asesores militares internacionales, el proyecto ya ha superado su fase de diseño y está listo para comenzar las pruebas operativas.
NorthForge ha desarrollado la Dispatch con un objetivo muy concreto: ofrecer un vehículo ligero para misiones de inteligencia, vigilancia, reconocimiento (ISR) y operaciones tácticas en entornos donde el ruido de un motor de combustión puede comprometer toda la operación.
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Así es la NorthForge Dispatch
Uno de sus principales baluartes reside en que su sistema de propulsión, totalmente eléctrico, genera menos de 50 decibelios de ruido. Una cifra muy inferior a la de cualquier motocicleta convencional, permitiendo desplazamientos mucho más discretos tanto de día como de noche.
Además, la plataforma también puede utilizarse como fuente de alimentación para equipos electrónicos desplegados sobre el terreno, una capacidad cada vez más importante en operaciones donde los drones, sensores y sistemas de guerra electrónica tienen un papel protagonista.
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En el apartado técnico, la NorthForge Dispatch anuncia una autonomía máxima de hasta 200 km y una velocidad punta de 110 km/h, prestaciones más que suficientes para desplazamientos rápidos sobre pistas, caminos o terrenos abiertos.
Otro de sus mayores argumentos es la tara. De hecho, con sus 3 baterías instaladas apenas alcanza los 140 kg, mientras que el chasis desnudo se queda en solo 92 kg. Según sus creadores, esto la sitúa en cifras bastante similares a las de una moto de enduro de competición con motor de explosión.

La altura del asiento, fijada en 780 mm, también busca facilitar su utilización por pilotos de diferentes estaturas, un aspecto importante cuando el vehículo puede ser utilizado por distintas unidades militares.
Más allá de las cifras, la filosofía de la Dispatch gira alrededor de la modularidad y la facilidad de mantenimiento. Su estructura monocasco de aluminio inspirada en soluciones aeroespaciales permite desmontar prácticamente toda la motocicleta utilizando únicamente tres herramientas básicas. Incluso la unidad motriz puede sustituirse rápidamente retirando un solo eje, algo especialmente útil cuando las reparaciones deben realizarse lejos de cualquier taller.
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De hecho, el sistema eléctrico utiliza conectores rápidos preparados para bajas temperaturas y, además, las baterías pueden extraerse e instalarse en menos de un minuto.
Uno de los aspectos en los que más destaca la NorthForge es que el sistema energético no utiliza baterías diseñadas originalmente para vehículos comerciales. De hecho, los módulos han sido desarrollados por la empresa canadiense SysNergie para aplicaciones críticas de defensa, y cuentan con regulación térmica y un sistema redundante que permite que la motocicleta continúe funcionando incluso si 2 de los 3 módulos de batería quedan inutilizados.
Además, pueden recargarse mediante distintas fuentes de alimentación disponibles sobre el terreno, aumentando la flexibilidad logística durante operaciones prolongadas.

Obviamente, el diseño de la Dispatch no solo busca ser liviano. También está preparado para soportar condiciones extremadamente duras. NorthForge asegura que puede operar con temperaturas comprendidas entre los -45 °C y los +45 °C, una horquilla poco habitual incluso entre vehículos militares especializados.
Su robusta suspensión delantera de doble brazo, mucho más resistente que una horquilla telescópica convencional, está diseñada para soportar esfuerzos muy elevados sobre terrenos complicados. A ello se suma una capacidad de carga de hasta 200 kg gracias a varios puntos de anclaje distribuidos por todo el chasis.
Otro de los pilares del proyecto es reducir al máximo la dependencia de proveedores extranjeros. Sí, más del 80% de la moto se fabrica en Canadá, mientras que el resto de componentes procede exclusivamente de países pertenecientes a la OTAN. La estrategia encaja con el nuevo plan industrial de defensa canadiense, que busca reforzar la producción nacional de equipamiento militar y disminuir la dependencia tecnológica de fabricantes asiáticos.
