Hay decisiones profesionales que resultan difíciles de comprender desde fuera. Conseguir un puesto en Ducati suele considerarse un objetivo al alcance de muy pocos, especialmente para un ingeniero recién graduado. Sin embargo, Guido Paternollo sintió muy pronto que, por prestigioso que fuera aquel trabajo, no era el camino que realmente quería recorrer.
Ssu historia comenzó lejos de los fogones. De hecho, nuestro protagonista se formó en el Politécnico de Milán, donde obtuvo 2 titulaciones, Ingeniería Mecánica e Ingeniería Matemática, una combinación poco habitual incluso dentro del sector tecnológico. Durante aquellos años también desarrolló otra afición mucho más doméstica: cocinar.
No había estudiado en una escuela de hostelería ni soñaba todavía con las estrellas Michelin. Simplemente le apasionaba experimentar en casa, leer libros especializados y aprender por su cuenta.
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Ducati le enseñó una lección que cambiaría su vida
Tras finalizar sus estudios llegó la oportunidad que muchos ingenieros desearían. Paternollo trabajó en Ducati en diferentes etapas, participando en áreas relacionadas con la producción y la dinámica de vehículos. Incluso dedicó su proyecto de fin de carrera al diseño de la suspensión trasera de una versión Scrambler. Sin embargo, fue precisamente durante esa experiencia cuando comprendió algo que marcaría el resto de su trayectoria.
Observó que quienes trabajaban a su alrededor vivían cada proyecto con una pasión absoluta. Él, en cambio, disfrutaba del entorno y admiraba la cultura de la empresa, pero no sentía la misma conexión con la profesión. Años después reconocería que ese fue el momento en el que entendió que, sin verdadera pasión, resulta muy difícil alcanzar la excelencia.
De la precisión de la ingeniería en Ducati a la creatividad de la alta cocina
Tomar la decisión no fue sencillo. Se dio apenas 6 meses para averiguar si aquella afición por la cocina podía convertirse en un trabajo real. Su currículum, sin experiencia en restauración, fue rechazado por numerosos restaurantes con estrella Michelin. Hasta que apareció la oportunidad que cambiaría su vida. El chef Enrico Bartolini decidió darle una oportunidad mediante unas prácticas que pronto se transformaron en un puesto estable.
Aquello fue solo el comienzo. Después llegarían algunos de los nombres más prestigiosos de la gastronomía francesa, como Marc Veyrat, Yannick Alléno o Alain Ducasse, donde perfeccionó una forma de entender la cocina basada tanto en la creatividad como en el rigor.
Aunque abandonó el mundo de las 2 ruedas, Paternollo sostiene que nunca dejó de pensar como un ingeniero. Según explica, la alta cocina no consiste únicamente en inspiración o talento. Para él, cada plato requiere un proceso de análisis, pruebas y mejoras muy parecido al desarrollo de un producto industrial.
No cree en el cocinero como un genio improvisando. Defiende que detrás de un gran plato hay sobre todo estudio, método y trabajo en equipo, una filosofía que recuerda mucho a la forma en que se desarrolla una moto antes de llegar al mercado.
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Del sueño de Ducati al reto del Park Hyatt
Tras varios años trabajando en Francia, regresó a Italia en 2020 para afrontar probablemente el mayor desafío de su carrera. Aceptó dirigir la cocina del restaurante Pellico 3, ubicado en el exclusivo Park Hyatt de Milán, a escasos metros de la Piazza del Duomo.
Como os hemos contado, la trayectoria de Guido Paternollo demuestra que incluso una carrera aparentemente perfecta puede no ser la adecuada si falta la motivación. Trabajar en Ducati le permitió aprender disciplina, método y cultura de empresa, conocimientos que hoy aplica cada día entre sus fogones. Una historia que no habla de abandonar el mundo de la moto, sino de encontrar el lugar donde realmente podía desarrollar su talento.
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