Así es, una minimoto Ruttman de 1972, con la decoración inspirada en el épico Evel Knievel, y que hizo soñar a toda una generación sale a subasta. Mucho antes de que las motos infantiles eléctricas o las motos de equilibrio dominaran el mercado, hubo una generación, al otro lad del charco, que descubrió la pasión por las 2 ruedas gracias a unas pequeñas máquinas de gasolina sencillas, robustas y tremendamente divertidas. Entre ellas destacó la Ruttman, una minimoto estadounidense que hoy se ha convertido en una auténtica pieza de colección.
Ahora, como os estamos contando, una unidad completamente restaurada de 1972 ha salido a subasta a través de Bring a Trailer, devolviendo a la memoria una época en la que el mayor héroe sobre 2 ruedas tenía nombre y apellido: Evel Knievel.
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Una minimoto con el espíritu de Evel Knievel
Nuestra protagonista de esta historia luce una llamativa decoración en rojo, blanco y azul que inevitablemente recuerda al legendario especialista estadounidense. Aunque nunca fue una edición oficial relacionada con Evel Knievel, su estética parece sacada de los espectáculos que hicieron famoso al piloto durante las décadas de 1960 y 1970.
Eso sí, sus prestaciones son mucho más modestas. Equipada con un pequeño motor de apenas 5 cv de potencia, esta Ruttman estaba pensada para aprender, divertirse y alimentar la imaginación de quienes soñaban con imitar los imposibles saltos de su ídolo.
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Ruttman: la puerta de entrada al motociclismo para miles de niños
Ahora, hagamos un poquito de historia. Fabricadas en el estado de Michigan, las minimotos Ruttman podían adquirirse completamente montadas o en formato kit para ensamblarlas en casa, una fórmula que contribuyó a su enorme popularidad en los Estados Unidos.
Su éxito se explica gracias a una receta muy sencilla: eran económicas, resistentes y fáciles de mantener. Para muchos niños estadounidenses representaron su primer contacto con una moto, mucho antes de dar el salto a modelos de mayor cilindrada. Con una simple rampa de madera y un terreno despejado bastaba para pasar horas imaginando aventuras. Obviamente, «siempre bajo la supervisión de los padres o algún adulto».
Mecánica sencilla y sin artificios
Vista con los ojos de hoy, la Ruttman sorprende por su simplicidad. Apenas incorpora los elementos imprescindibles para circular: guardabarros, un asiento elevado de color negro, pequeñas llantas de aleación de 6 pulgadas, sin suspensión y un sistema de arranque mediante cuerda. Precisamente esa sencillez es parte de su encanto. Sin ayudas electrónicas, sin pantallas y sin sofisticaciones, ofrecía una experiencia directa que hoy resulta casi imposible de encontrar.
Más allá de su valor como vehículo histórico, las Ruttman representa una forma de entender el mundo de las 2 ruedas que marcó a toda una generación. Muchos de los aficionados que hoy disfrutan de máquinas de gran cilindrada comenzaron precisamente sobre minimotos como esta.
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