El motociclismo italiano despide a uno de esos personajes imprescindibles que nunca buscaron protagonismo, pero sin los que muchas historias no habrían sido posibles. Toni Merendino ha fallecido a los 73 años, tras una larga enfermedad que mantuvo en silencio durante casi 2 años, fiel a una forma de ser discreta y poco dada a las exhibiciones públicas. Su muerte deja un vacío profundo en el paddock, en los rallies y en todos aquellos proyectos donde el talento organizativo y la pasión marcaron la diferencia.
Nacido el 22 de abril de 1952 en Berceto y afincado desde siempre en La Spezia, Merendino representó como pocos esa generación autodidacta que aprendió más en la carretera y en los talleres que en cualquier aula.
Sus primeros pasos profesionales estuvieron lejos de los circuitos, hasta que el destino lo cruzó con Roberto Gallina. A finales de los años setenta, Gallina necesitaba reforzar la estructura de un equipo Suzuki en pleno crecimiento, y encontró en Toni al organizador perfecto. Apenas 2 años después, aquel proyecto alcanzaba la cima del Mundial con los títulos de Marco Lucchinelli y, poco más tarde, con Franco Uncini.
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Último adiós a Toni Merendino
Ese fue solo el inicio de su trayectoria. Toni Merendino fue manager, director deportivo, organizador, piloto ocasional y, sobre todo, un facilitador de sueños ajenos. Supo detectar talento, rodearlo de la gente adecuada y hacerlo competitivo. Uno de los capítulos más recordados de su carrera fue el impulso decisivo a Doriano Romboni, a quien llevó a la categoría de 250 cc con el equipo HB y acompañó hasta la victoria.
Pero limitar su figura al motociclismo de velocidad sería injusto. Merendino vivió varias vidas en una sola. Participó en el Rally Dakar, primero como piloto y después como gestor, compartiendo aventuras con nombres clave del offroad italiano. También estuvo detrás de proyectos tan ambiciosos como el Lucky Explorer para Cagiva, una iniciativa legendaria que unió competición, aventura africana e identidad de marca.
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Siempre en segundo plano, Merendino se movía con naturalidad tanto en los despachos de grandes patrocinadores como en los campamentos improvisados en mitad del desierto. Negociaba, prometía y, sobre todo, cumplía. No dudaba en arremangarse, ensuciarse las manos y gastar hasta el último céntimo del presupuesto si eso significaba completar una misión como debía hacerse. Su liderazgo no se imponía; se ganaba.
En los últimos años, ese mismo espíritu tomó forma en Tom42, un proyecto nacido de su amor por los viajes, la aventura y la experiencia compartida, que reunió a motoristas de distintas generaciones bajo una misma filosofía: «vivir la moto como una forma de entender la vida, no como una pose«.
Reservado, metódico y de palabras justas, quienes lo conocieron coinciden en describirlo como alguien que estaba siempre en el lugar adecuado, en el momento preciso. Toni Merendino se ha ido demasiado pronto; habría cumplido 74 años el próximo 22 de abril. DEP.
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