El mundo del motociclismo tiene momentos oscuros como los de hoy. Días en los que te enteras que un grande de las carreras en los años ochenta, como lo fue Ralf Saura, nos ha dejado para siempre. Pero por encima de todo ello, un buen tipo. Alguien que para muchos de sus amigos y compañeros de pista, representaba una serie de valores que lo hacían aún más grande de lo que era físicamente.
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Ralf Saura, “el gigante de los circuitos”
Fueron ayer los compañeros de Motociclismo los primeros en hacerse eco de la noticia en un completo artículo sobre la vida deportiva de Ralf Saura. En él, al que os invitamos a leer detenidamente pinchando en este enlace, no solo nos detallan cómo era este gigante de los circuitos. Porque Saura, además de un piloto con hambre de victoria, era un tío fenomenal por encima de cualquier otra cosa.
Compañeros de profesión como Toñejo Rodríguez lo describen como “un trueno. Un gigante. Un fenómeno. Y, por encima de todo, mi amigo. Nuestro amigo. Un piloto extraordinario que se nos ha ido demasiado pronto, dejando un silencio que pesa como una losa en el pecho”. Y no le falta razón porque Ralf Saura siempre fue amigo de sus amigos con “un corazón tan enorme como su presencia en la pista”, tal y como nos recuerda Rodríguez en su artículo.

En el plano motociclista, empezó su andadura a los mandos de una Cappra por las inmediaciones del Monte del Pardo en Madrid. Pronto se interesó por la velocidad, a pesar de no tener unas proporciones corporales aptas para tal desempeño. Su casi 1,90 cm de altura y gran envergadura física no ayudaban a ello. Aun así, Ralf Saura se formó en las Motociclismo Series, logrando el subcampeonato con solo 19 años a lomos de una OSSA Copa F3 en 1984.
Esto solo fue el pistoletazo de salida a una carrera plagada de éxitos dentro del ámbito nacional. Saura disputaría la F-1 con una Yamaha FJ 1100 y el Nacional de SBK en 1987 a los mandos de una FZ 750. Para 1989 disputó la Copa Yamaha RD350, donde se alzaría con el título de campeón finalmente. Un año antes ganaría su primera carrera de SBK pilotando una OW01, aunque sus mayores gestas deportivas llegarían a lomos de la FZR 600.

Con ella se alzaría con el subcampeonato en 1989, y levantaría el título de campeón al finalizar la temporada de 1990. Otras competiciones donde tuvo presencia fueron, por ejemplo, su participación en el Daytona estadounidense montado sobre una Kawasaki GPX750R e incluso debutó en el novedoso Mundial de Superbike en 1991, donde pudo disputar dos carreras sin lograr buenos resultados.
Posteriormente, montó su propio taller, Gigante Bikes, donde logró un merecido reconocimiento de clientes y amigos. Por desgracia, un accidente doméstico se lo ha llevado para siempre con apenas 63 años de edad. Desde SMN solo podemos mandar nuestro más sentido pésame a su familia y agradecerle el ímpetu y amor que siempre demostró por esto de las dos ruedas.
