El motociclismo pierde a una de esas figuras que rara vez ocupaban el foco, pero que estaban detrás de muchas de las motos que marcaron una época. Jan Thiel ha fallecido este 23 de marzo de 2026, dejando tras de sí una trayectoria que atraviesa buena parte de la historia del Mundial de Velocidad.
Nacido en Ámsterdam el 3 de junio de 1940, Thiel fue uno de los grandes especialistas en motores de dos tiempos, un perfil cada vez más escaso incluso en su tiempo. Su conocimiento de la dinámica interna de estos propulsores, unido a una capacidad poco habitual para llevar esa teoría a soluciones reales, le permitió participar en algunos de los proyectos más relevantes del paddock durante décadas.
Su nombre aparece ligado a múltiples estructuras y marcas -desde Jamathi hasta Aprilia o Derbi, pasando por Bultaco, Minarelli o Garelli- en una carrera que combina etapas muy distintas pero con un hilo común: la búsqueda constante de rendimiento en mecánicas que, en muchos casos, acabaron siendo referencia.
Jan Thiel pasó de la modesta Jamathi a las grandes estructuras del Mundial
Antes de los grandes proyectos, estuvo Jamathi. Un pequeño equipo nacido de la unión entre Jan Thiel, Martin Mijwaart y otros colaboradores, cuyo propio nombre surgía de esa combinación. En un entorno prácticamente artesanal, lograron una victoria en Assen en 1968 que sirvió para situar a Thiel en el mapa del Mundial.
A partir de ahí, su trayectoria fue creciendo en paralelo a la evolución técnica de la categoría. Su paso por Bultaco en Barcelona marcó una de sus etapas más recordadas, especialmente en España. Allí participó en el desarrollo de las TSS Mk2 de 50 cc, con las que Ángel Nieto logró los títulos de 1976 y 1977, y Ricardo Tormo el de 1978, en una base técnica que todavía tendría continuidad en años posteriores.
Aquellas pequeñas motos, junto a las versiones de 125 y 250, forman parte de una generación de máquinas donde el margen entre la ingeniería y la artesanía era mínimo. Y ahí es donde Thiel se movía con naturalidad.
Con el paso de los años, su figura siguió presente en proyectos de alto nivel. Su trabajo en Derbi y Aprilia, ya en la recta final de la era de los dos tiempos en 125 cc ya en el siglo XXI, estuvo ligado al desarrollo de mecánicas especialmente avanzadas, como el conocido motor RSA, considerado uno de los puntos más altos de evolución del 2T en competición.
Las cifras ayudan a dimensionar su impacto, aunque no lo explican del todo. A los motores en los que participó se les atribuyen más de 50 títulos mundiales y cerca de 300 victorias en Grandes Premios, una presencia constante en la élite durante décadas. Pero más allá de los resultados, su influencia se extendió a otros ingenieros y técnicos.
Dentro del paddock, su figura siempre estuvo asociada a un profundo conocimiento técnico y a una forma de trabajar que combinaba cálculo, experiencia y una ejecución muy directa. Ese respeto se ha mantenido con el tiempo. Gigi Dall’Igna llegó a destacar su valor dentro de los proyectos en los que coincidieron, subrayando no solo su capacidad técnica, sino también su enfoque hacia la competición.
Jan Thiel pertenecía a una generación que entendía el motor desde dentro, en todos los sentidos. Ingeniero, pero también constructor en el sentido más práctico del término, afinando con las manos lo que salía del papel.
Descanse en paz.