El Gran Premio Motul de la República Argentina de Moto2 arrancaba con la carrera declarada en seco, con un claro carril ideal para neumáticos slick y el asfalto a 26º, pero todavía con zonas mojadas algo más críticas. Las 23 vueltas de carrera arrancaban con Vierge haciendo valer su pole, seguido por Oliveira, Baldassarri y Pasini. Márquez también remontaba desde el octavo lugar hasta el cuarto puesto, mientras que Lowes cerraba el sexteto.
El primer paso por meta veía a Baldassarri liderando por delante del español Vierge seguidos por Pasini, Márquez y Oliveira. La larga recta del circuito de Termas de Río Hondo era ideal para adelantar aprovechando los rebufos, ocasión en la que Pasini pasó liderar la carrera. Poco después Márquez se retrasaba al 6º puesto al evitar chocar con Oliveira, mientras que Vierge salvaba una caída clara al intentar adelantar a Baldassarri en frenada por la zona húmeda, quedándose 5º. El italiano, 3º, marcaba vuelta rápida para cazar al dúo Pasini-Oliveira que intentaba sin éxito abrir un pequeño hueco. En la lucha por el 4º puesto figuraba el quinteto Márquez, Vierge, Mir, Aegerter y Gardner. Los dos españoles se enganchaban para intentar recortar diferencias frente al trío de cabeza.
Por delante, Pasini seguía tirando fuerte, mientras Baldassarri y Oliveira se adelantaban en su lucha particular por el segundo puesto. Vierge tomaba el relevo de Márquez y marcaba una vuelta rápida de 1.44.879 a 9 vueltas del final con el claro objetivo de contactar con el portugués de KTM. Por su parte, Márquez no perdía la rueda de Vierge y marcaba la velocidad punta más alta en carrera: 269 km/h. A 7 vueltas del final, en la frenada de la curva 5 Vierge adelantaba a Baldassarri y marcaba una nueva vuelta rápida para intentar dar caza al dúo de cabeza, comandado por Oliveira.
A 3 vueltas del final Pasini, Vierge y Oliveira estaban muy “encendidos” y, tras sendos adelantamientos entre ellos, ninguno se quería conformar con otra cosa que no fuese la victoria. Dos vueltas rápidas consecutivas del español le acercaban a Pasini, que apretaba el ritmo sin concesiones hasta cruzar bajo la bandera a cuadros sin cometer ningún error.







