Ese pequeño orificio en la boquilla del depósito de gasolina pasa desapercibido para la mayoría, pero es uno de los elementos más ingeniosos y fiables de todo el sistema de repostaje de cualquier vehículo. En una era dominada por sensores, electrónica y software, este sistema de seguridad lleva décadas funcionando prácticamente sin cambios, demostrando que, a veces, la solución más simple es también la más eficaz.
Así funciona este sistema de seguridad al repostar gasolina
El secreto está en cómo se gestiona el flujo de combustible dentro de la propia boquilla. Aunque por fuera parece un simple tubo, en su interior hay una constricción que acelera el paso del combustible y genera una depresión. Ese cambio de presión se transmite a través de un conducto interno hasta el pequeño orificio situado en la punta.
- Amplía información: Así es cómo el «efecto suelo» convierte a la RSV4 X ex3ma en la moto en serie más aerodinámica del planeta

Mientras ese orificio permanece libre, entra aire y el sistema mantiene el equilibrio, permitiendo que el combustible fluya sin interrupciones. Pero cuando el nivel del depósito sube y tapa ese pequeño agujero, el flujo de aire se interrumpe, la presión cambia y un diafragma interno actúa de inmediato. La válvula se cierra y se produce el conocido “clic”.
Detrás de este funcionamiento está el efecto Venturi, un principio físico que explica cómo un fluido aumenta su velocidad al pasar por una zona estrecha, provocando una caída de presión. Esa diferencia es la que permite que todo el sistema funcione sin electrónica.
- No te pierdas: La WMC250EV, conocida como la «moto agujero» presenta sus patentes. ¿Llegará a la calle?

Conviene tener en cuenta que este sistema no mide directamente el nivel real del depósito, sino lo que ocurre en la propia boquilla. Por eso, en situaciones tan habituales como la formación de espuma, un cuello de llenado estrecho o una mala inclinación, el corte puede producirse antes de tiempo. En motocicletas esto es menos habitual, aunque algunos modelos modernos pueden ser más sensibles.
De hecho, forzar el repostaje de gasolina más allá del “clic” no es recomendable. Además del típico derrame al dejar la moto sobre la pata de cabra, existe un riesgo mayor en motos actuales: los sistemas de control de emisiones. Sí, como lo lees. Desde la normativa Euro 4, muchas motocicletas incorporan filtros de carbón activado diseñados para retener vapores. Si entra gasolina líquida por un exceso de llenado, el sistema puede saturarse y provocar averías.
- Échale un ojo: Los secretos aerodinámicos de Aprilia en MotoGP al desnudo

El origen de este ingenioso sistema se remonta a los años 40, cuando Richard C. Corson ideó un mecanismo automático para evitar derrames al llenar bidones. Su solución, basada en el control de presión, fue patentada en 1943 y, con el tiempo, evolucionó hasta convertirse en el estándar que hoy encontramos en cualquier gasolinera.
Así pues, cada vez que escuchas ese “clic” al echar gasolina, en realidad estás asistiendo al funcionamiento de una de las soluciones mecánicas más eficaces jamás diseñadas: sencilla, fiable y prácticamente inalterada durante generaciones.
- Amplía información: Ahora el scooter de tres ruedas con “agujero” será eléctrico
