Por lo general, las cosas siempre son mucho más complejas y tienen más aristas y recovecos que los que se ven a simple vista. Por eso puede parecer que una normativa para la ropa de moto, que busca unificar criterios en seguridad para que se cumplan unos mínimos comunes, es buena idea. Pero el paso del tiempo nos demuestre todo lo contrario.
Eso es lo que se deduce, al menos, de los informes que de un tiempo a esta parte viene realizando MotoCAP, un programa independiente australiano que se encarga de evaluar diferentes aspectos en la ropa de moto y que comenzó su andanza en 2018.
Desde entonces ha ido creciendo y para hacerse una idea de su capacidad, solamente en el último año ha realizado pruebas de 173 prendas entre pantalones, guantes y chaquetas.

Estas pruebas no buscan otra cosa que dar, al consumidor, una idea de qué es lo que está comprando en materia de equipamiento midiendo protección contra golpes, abrasión, resistencia de las costuras… Y lo curioso es que los resultados que han ido obteniendo en los últimos tiempos, marcan una tendencia a la baja en protección.
Pero antes de eso, también hay un apartado curioso, y es que han llegado a la conclusión de que los asfaltos urbanos suelen ser menos agresivos que los de las carreteras y eso hace que sus recomendaciones en cuanto a calidad mínima de las prendas varíen en función del uso.
La ropa de moto cumple la norma, pero la protección baja
Aunque volviendo al tema de la regulación de ropa de moto en Europa y cómo esta ha afectado de una manera diferente a lo esperado, hay datos muy reveladores. Lo primero es que, tal como comenta Chris Hurren a los compañeros de Australian Motorcycle, las prendas continúan cumpliendo con la normativa, pero han encontrado un descenso de la protección año tras año.
Y aquí viene el problema: según MotoCAP, antes de la EN 17092 había productos que ofrecían mejor protección, pero la regulación fue tan de mínimos que poder superarla era sencillo. ¿Cómo de sencillo? Pues tanto como para que, año tras año, algunos fabricantes hayan ido rebajando protección en sus prendas para rebajar, a su vez, costes, y a la vez hayan conseguido pasar la normativa sin problemas.

El punto donde más descenso en la calidad se están encontrando es en la resistencia a la abrasión, con algunos vaqueros monocapa que ofrecen un comportamiento frente a esta similar a lo que tendrían unos vaqueros normales. Para hacerse una idea, sin ofrecer más datos, cuenta el australiano que hay un producto que ha pasado de tener una resistencia de 3,7 segundos a quedarse en 1,2. Todo ello sin variar el precio y, por supuesto, consiguiendo superar la normativa.
Aun así, siempre es mejor llevar protección y, evidentemente, cuanta mayor calidad mayor protección. Sin embargo, el fondo de la cuestión es preocupante y es que antes de la normativa había quienes se esmeraban por ofrecer un buen producto, y ahora simplemente les vale con cumplir lo que especifica la ley, dejando en evidencia una vez más que, o las regulaciones mal hechas llevan siempre al mismo camino: el usuario es quien paga las consecuencias.







