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Todo lo sagrado se desvanece en el aire

Todavía recuerdo aquellos días no muy lejanos, repletos de espontánea libertad, en que uno apenas levantaba un palmo del suelo, cuando tus padres te invitaban a tomar un culín de vino, o tu hermano o primos te daban unas caladitas de su pitillo.

Y qué decir de unos años más tarde cuando, después de una buena comida, te echabas un buen habano compartiendo tertulia. Y quién no recuerda tomarse esas cañitas bien tiradas en la calle, al solecito, incluso escuchando un buen concierto en El Retiro o por El Rastro; por no hablar de las terrazas al aire libre con música en esas calurosas noches de verano…

Pues señores, jodidos andamos, pues las costumbres con las que buena parte de nosotros hemos crecido, ahora dicen que son incívicas y nos las prohíben sin más. Dicen que Madrid es la segunda ciudad más ruidosa de Europa.

Y digo yo: ¿a quién cojones le importa Europa en estos casos? ¿Por qué nos comparan con unos que cenan a las 5 de la tarde, a las 9 se han tomado 20 pintas y a las 2 están en la cama con toda la ciudad cerrada? ¿O con otros que pasan enterrados en nieve y no ven el Sol más que tres meses al año? A éstos les llaman cívicos, ecológicos, etc. Pero ¿quién nos pregunta si queremos perder esa identidad? Y además nos tachan de antieuropeos si no hacemos las cosas como los demás. Pues señores, así no quiero ser europeo. Me siento español con todo lo que ello conlleva: ruidoso, pues sí; alegre, pues sí; nocturno, pues sí, y libre, por supuesto. Eso fue lo que no hace mucho tiempo me inculcaron, con lo que he crecido y con lo que me gustaría continuar. Por ello, no me duelen prendas en decir que soy un mal europeo.

Pero claro, ahí no acaba el camino de ser europeo, ni mucho menos. Como decía, jodidos andamos, que si velocidad controlada, luego carné por puntos, control de sonoridad con su nueva ley de decibelios… Y es aquí exactamente donde yo quería llegar como Harlista ¿Qué coño es eso de la norma Euro3 – Euro4 europea?, Pues eso no es más que decir que las míticas bicilíndricas americanas están perdiendo su seña de identidad, esa que a todos nos enamora, ese sonido que todos reconocemos y que nos acelera el ritmo cardiaco al escucharla, que nos hace algo más jóvenes y libres; ese sonido que está registrado por la marca y que la hace inconfundible.

La ley sólo tiene en cuenta los decibelios, sin pararse a distinguir que, a igual volumen, un sonido puede ser un ruido o auténtica música celestial. Pienso para mí que ese glorioso bramido deberían tratarlo como arte, que no pueden atreverse a esta aberración. Aunque las limitaciones en algunos casos han sido estímulos a la creación para la marca de Milwaukee, en esta ocasión no es lo mismo, que queréis que os diga, parece que “TODO LO SAGRADO SE DESVANECE”.

Afortunadamente una mentira nunca vive hasta hacerse vieja, porque no se pueden controlar ni esconder todas las conductas. De ahí que, día a día, descubrimos los engaños de los radares en su afán de recaudación, presenciando casos como en el que despiden a una trabajadora de “la hora” por no multar lo suficiente, o que las ITV sigan siendo sistemas de recaudación en lugar de prevención. Y si no, ¿qué explicación tiene que exijan más a los fabricantes a la hora de construir motos y luego reduzcan el plazo de tiempo para pasar la primera inspección? Pues así pasará con la norma Euro 4 de contaminación acústica: ya se desenmascarará por los errores que cometa el mentiroso…

Además, ahora parece que se quiere cambiar también el decreto que recogía las normativas en materia de reformas de importancia, con lo que supuestamente se prohibirán muchas de las modificaciones que realizamos en nuestras motos. Veremos qué nos espera y os iré contando cuando tengamos las cosas más claras, ya que parece que ésto trae chicha…..Pero ¿qué va a ser de nuestros paseos en grupos? Allá donde vamos hacemos girar la cabeza y recibimos las miradas de los que oyen el petardeo de nuestras motos, un golpe de gas y nos sentimos libres. Ir capados y de serie no es lo nuestro, así no puede ser. “Deberían poder discernir entre lo que es basura y negocio y lo que es arte y belleza”.

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