Los delitos en las capitales europeas siguen creciendo a pasos agigantados, y es por ello que las fuerzas del orden del lugar deben emplearse a fondo en algunas situaciones límite. Este es precisamente el caso de un oficial de la Gendarmerí,a protagonista de una persecución policial por las calles de París verdaderamente de película.
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¿Merece la pena una persecución policial así?
Como era de esperar tras la publicación del video, no han sido pocos los que han cuestionado la obstinada labor del oficial. Si bien es su deber el de hacer cumplir la ley, uno se pregunta si merece la pena arriesgar tanto en una persecución policial de este tipo. Porque solo hay que ver las imágenes de la grabación para ser consciente de que podía haber sucedido algo muy grave, fruto precisamente de las velocidades alcanzadas durante el transcurso de la misma.
Además, no debemos de obviar el estresante y denso tráfico que circula por las calles de una ciudad del tamaño de la capital francesa. A todo ello se le suman otros dos factores determinantes a lo largo de esta trepidante persecución policial: Primeramente que es de noche, con lo que ello conlleva en materia de visibilidad, poniéndoselo aún más difícil al entregado agente de la ley.

Así mismo tenemos el hecho de que además de coches, motocicletas, camiones, autobuses, etc., también habían innumerables transeúntes que caminaban por las inmediaciones donde tuvo lugar el suceso. De hecho podemos percatarnos como algunos de ellos están en esos momentos cruzando por un paso de peatones, intentando entrar en su automóvil o bajándose de algún otro.
Claro, uno se pregunta qué hubiera pasado si durante esta persecución policial el agente hubiera terminado atropellando a alguno de ellos. Por supuesto damos por hecho el riesgo que corrió el mismo de terminar accidentado contra otro vehículo, e incluso yéndose al suelo por las condiciones del asfalto a esas horas, fruto de la humedad nocturna que se genera en la capital parisina.

En cualquier caso el agente termina dándole caza al delincuente y tras él llegan, más operativos de refuerzo que echan una mano a reducir al sujeto. No sabemos cuáles habrán sido las consecuencias legales para este último, pero al menos ha tenido la suerte de “poder contarlo” porque, al igual que su perseguidor, podría haber terminado mucho peor de lo que lo hizo.

