Este fin de semana pasado la DGT ha llevado a cabo una nueva campaña centrada en los motoristas, con el fin de controlar el cumplimiento de las normas más importantes que afectan a la conducción de las motocicletas, especialmente en las carreteras secundarias, lugar que más se frecuenta en días de fiesta o descanso. Ya sea a modo de ruta tranquila en solitario o salidas en grupo, donde en ocasiones las cosas no terminan bien.
La realidad es que hasta el pasado 31 de agosto, los datos registrados por la propia DGT anuncian que un total de 174 motoristas han perdido la vida. Esto equivale a que 1 de cada 4 fallecidos en accidentes de tráfico lo ha hecho a los mandos o como pasajero en una motocicleta. En cualquier caso esta cifra ha descendido si tomamos como referencia la registrada en 2019, la más alta de los últimos tres años, con 197 fallecidos en el mismo espacio de tiempo.
Otro dato importante a tener en cuenta es que un porcentaje más alto de estos accidentes y número de fallecidos se da principalmente los fines de semana. Más concretamente el 53% de los motoristas que han perdido la vida en lo que llevamos de año lo hicieron en fin de semana o día festivo. A tener en cuenta también que el 45% de estas muertes fueron en carreteras convencionales. Según también la propia DGT y los datos con los que trabaja, estos accidentes son producidos fundamentalmente por salida de vía, propiciada esta por exceso de velocidad.
Llegados a este punto siempre nos planteamos las mismas preguntas, todas ellas en torno a este asunto, pero que a su vez engloban otros factores externos con los que no sabemos aun si cuenta o no la DGT. Entre ellos sin duda el principal y más preocupante, es el estado actual de nuestras carreteras, sobre todo vías secundarias y nacionales, donde el piso se encuentra cuanto menos con falta de mejoras sustanciales en todos los aspectos.

Otro punto a tener en cuenta es sin duda el empleo aun, en la mayor parte del territorio nacional, de guardarraíles convencionales para separar la vía del resto del terreno, incluso de carreteras que no cumplen con el ancho reglamentario o en las que hayamos restos de tierra y otros elementos inertes en algunos tramos de la misma. Mala señalización, incluso inexistente en algunos puntos, así como un desgaste general cuanto menos preocupante, también son parte del problema. En definitiva un debate abierto que se perpetúa en el tiempo, pero al que no se le ve luz al final del túnel y donde las cifras negras de fallecidos siguen siendo el argumentario general empleado por parte de la DGT.





