Planificar una ruta en moto suele empezar con una pregunta sencilla: ¿cuántos km vamos a hacer? Sin embargo, cuando termina la jornada, rara vez son los km lo primero que recordamos. Der hecho, recordamos aquella carretera que nos sorprendió, el pueblo en el que paramos a tomar algo, el paisaje que apareció después de una curva o la conversación con otro compañero durante un descanso. También, ese tramo que no estaba previsto y que terminó siendo uno de los mejores momentos del día.
España ofrece además un escenario especialmente variado para buscar este tipo de experiencias. Desde los puertos de montaña hasta las carreteras que atraviesan dehesas, sierras o pequeños pueblos, existen recorridos en los que el propio camino se convierte en parte del destino. Y, aunque suena como publicidad, es la “pu… verdad”.
Una carretera que te invite a seguir
No todas las carreteras se disfrutan igual sobre 2 ruedas. Una buena ruta necesita un recorrido que tenga ritmo, que combine curvas y rectas, que permita disfrutar de la moto sin convertir el trayecto en una sucesión de km sin sentido. Y no se trata de buscar curvas constantemente. A veces, una carretera aparentemente sencilla, con buen asfalto y poco tráfico, puede resultar mucho más gratificante que un puerto conocido lleno de vehículos.
La clave está en que el recorrido tenga personalidad y permita pilotar con tranquilidad, disfrutando de cada tramo en lugar de pensar únicamente en llegar al siguiente punto.
Un paisaje que cambie lo que estás viendo
Una ruta memorable también necesita algo que contemplar. No necesariamente grandes monumentos o paisajes de fotografía de postal. Puede ser una sierra que aparece al fondo, un bosque, un valle, un pequeño pueblo o simplemente el cambio de paisaje que acompaña al recorrido. Ese factor sorpresa tiene mucho peso cuando viajamos sobre 2 ruedas. La carretera nos permite estar mucho más cerca del entorno y descubrir lugares que pasarían desapercibidos en un desplazamiento cotidiano.
Por eso, a la hora de elegir una ruta, merece la pena mirar más allá del punto de salida y llegada. El paisaje forma una parte indudable parte del viaje. Y, hay que disfrutarlo.
La compañía y los encuentros fortuitos
Hay salidas que se disfrutan en solitario y otras que adquieren otra dimensión, completamente diferente, cuando se comparten. Salir con amigos, coincidir con otros moteros o terminar hablando con alguien que acabas de conocer en una parada forma parte de esa experiencia. La moto tiene una curiosa capacidad para crear conversaciones, es una máquina súper emocional, como todos sabemos.
Basta con aparcar al lado de otra moto para que aparezca el habitual intercambio de preguntas: «qué bonita, de dónde vienes, dónde vas o qué carreteras has recorrido o conoces…» Y precisamente por eso una ruta no tiene por qué terminar cuando se apaga el motor. Muchas veces, lo mejor continúa alrededor de una mesa.
Una parada que también forme parte del viaje
Igual que nuestras motos necesitan gasolina. «Una buena ruta necesita respirar«. Parar para tomar un café, almorzar en un restaurante local o simplemente sentarse unos minutos puede cambiar completamente la percepción de una jornada larga. La gastronomía también permite conocer el territorio. No es casualidad que muchas propuestas de turismo en moto incorporen precisamente paradas gastronómicas y productos locales como parte del recorrido. Una “cero cero…” ya sabéis…
Además, «esas pausas ayudan a romper el ritmo, descansar y volver a la carretera con otra perspectiva renovada«. Porque hacer una buena ruta no significa estar permanentemente encima de la moto.
La sensación de haber descubierto algo
Quizá sea el ingrediente más difícil de planificar y, obviamente, al mismo tiempo, uno de los que más recordamos. Encontrar una carretera que no conocíamos, atravesar un pueblo del que no teníamos ni idea de que existía o descubrir un mirador inesperado, genera una sensación diferente a la de repetir una ruta que conocemos de memoria.
Por eso, al organizar una buena ruta en moto, «también merece la pena dejar espacio para lo desconocido«. No todo tiene que estar pensado al milímetro. A veces, precisamente, lo que convierte una jornada normal en una experiencia especial es aquello que no esperábamos encontrar. «Lo que nos sorprende, lo recordamos más y mejor«.
Una buena ruta empieza mucho antes de arrancar
«Carretera, paisajes, amigos, gastronomía y descubrimientos«. 5 elementos diferentes que, cuando coinciden, consiguen que una salida en moto sea mucho más que un desplazamiento sobre 2 ruedas. Y, esa es precisamente la filosofía que está detrás de Rider Soul. Sus recorridos se plantean como experiencias mototurísticas en las que la carretera y el descubrimiento tienen tanto peso como el destino, de hecho, las rutas se van descubriendo durante la propia jornada. Todo es una sorpresa.
La próxima vez que planifiques una ruta, quizá la pregunta no debería ser cuántos km vas a hacer. Puede que sea mucho más interesante preguntarte qué quieres recordar cuando regreses a casa. Porque una gran ruta no es necesariamente la que más km acumula. Es la que, días, meses o incluso años después, todavía te hace recordar: “qué bien lo pasamos aquel día, ¿te acuerdas?”













