Llevamos unos cuantos GP en los que hemos visto a Marc Márquez protestar, a Pedro Acosta quejarse, a Bagnaia, Martín o Quartararo insinuar o expresar situaciones con las que no están de acuerdo, pero a la hora de la verdad prácticamente todo queda en el cajón de las anécdotas del GP en cuestión. Unas llaman más la atención que otras pero, al final, todas van al mismo cajón.
El fondo de la cuestión es, quizás, el formato que tiene el campeonato y las funciones que tienen cada uno. Por un lado tenemos a la asociación de fabricantes, la MSMA, por el otro a los equipos con el IRTA, tenemos lógicamente a MotoGP y los únicos que no están organizados realmente son los pilotos.
Ellos llevan tiempo con determinadas protestas o reivindicaciones e incluso ideas pero tienen un problema importante: nadie habla en representación del resto. Cuando un piloto se queja, un piloto se queja, cuando la MSMA presiona son todos los fabricantes empujando en la misma dirección.

Es cierto que desde hace años Dorna en ese momento impulsó la Safety Commission pero casi desde el principio y tal como en su día incluso comentó el propio Valentino Rossi las medidas que proponían los pilotos muchas veces se pasaban por alto. Al fin y al cabo aquello eran poco más los pilotos desahogándose y aunque se celebran todos los fines de semana prácticamente ninguno de los pilotos se acerca a ellas porque o bien no pueden o bien no la consideran útil.
El caso es que sí ha habido algunos pilotos, como Luca Marini o Enea Bastianini, que han planteado la elección de un representante que hable en nombre del resto, que exija, que pueda presionar y llevar las protestas a otro nivel. De hecho Pedro Acosta también comentó algo al respecto, aunque fue al preguntarle por la figura de la GPDA de F1 y quizás dio la pista del problema real y es que según el murciano, el problema está también dentro de la propia parrilla y en el ego de unos pilotos que no terminan de organizarse.
Hubo un proyecto para canalizar las protestas, pero todo quedó en nada
De hecho, en 2023 se comenzó a tomar forma un proyecto que tenía a Sylvain Guintoli como posible representante de los pilotos. La iniciativa avanzó hasta que llegó uno de los problemas menos románticos, pero más importantes para cualquier asociación profesional: decidir quién pagaba su funcionamiento y cómo se financiaba toda la estructura.
El proyecto terminó frenándose y aunque durante 2024 hubo nuevas reuniones, nada terminó saliendo adelante.
Ahora el problema está alcanzando una mayor dimensión y no se trata solamente de cuestiones de seguridad, es por el aumento de obligaciones durante los fines de semana. La Sprint introdujo más carreras y la llegada de Liberty Media más eventos, el cóctel en sí está siendo demasiado difícil de digerir para algunos pilotos en determinados momentos.

El propio Marc Márquez se bajó del carro en Japón, nunca mejor dicho, con la comentada jugada del doble y los karts pero en Mandalika fue un paso más lejos y confrontó directamente con la organización, llegando a calificar como inhumanas algunas exigencias como la de permanecer con el mono atendiendo a ceremonias y actividades tras una carrera en condiciones extremas.
Eso mismo señalaba Acosta, incidiendo en que hay momentos en los que el piloto necesita un descanso que los organizadores parecen no entender. Es el típico “The Show Must Go On” pero con sanciones que pueden llegar a ser económicas, ahora se estiman en torno a 5.000 euros pero que pueden llegar más lejos en el futuro porque se están planteando consecuencias deportivas.
Así que, básicamente, a los pilotos le están haciendo la cama aquellos que los necesitan y todo por una simple razón: protestar no sirve de nada si no hay una organización. Lo cierto es que en los últimos tiempos la situación se ha ido calentando y parece que los afectados están más interesados que otras veces, aunque siempre habrá voces discordantes.
Aun así esta situación no es nueva para el campeonato y es que, por ejemplo, en 1979 Kenny Roberts, Barry Sheene, Virginio Ferrari y otros grandes nombres del Mundial fueron mucho más lejos y boicotearon la carrera de Spa-Francorchamps por considerar inaceptables las condiciones del circuito. Después, Roberts y Sheene impulsaron la Professional Riders Association e incluso se llegó a amenazar con no disputar diferentes Grandes Premios por razones económicas y de seguridad, aunque con el tiempo y los dólares todo se diluyó.
Mientras, en la F1 la GPDA (Grand Prix Drivers’ Association) nació en 1961 y a pesar de atravesar diferentes situaciones sigue funcionando y siendo interlocutor cuando se habla de seguridad y los intereses profesionales de los pilotos. Por el motivo que sea, de todo lo que ha copiado Liberty de la Formula1 esto no les resulta interesante.
Aun así, como siempre, los que se juegan la vida y el dinero son los propios pilotos. Mal se nos tiene que dar a nosotros para vernos afectados por las decisiones de seguridad que toman o no toman. Desde luego ellos sabrán lo que les conviene, pero les están comiendo la tortilla y cada día será más difícil darle la vuelta a la situación.







