Hay rutas que terminan cuando se apaga el motor. Otras continúan mucho después. La novena edición de “En busca de la sonrisa perdida”, organizada por Km Solidarity, la mayor ONG motera de España, pertenece a esta última categoría. Durante cinco días, cuatro motocicletas y dos vehículos de apoyo atravesaron La Rioja, Madrid, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana y Aragón con un objetivo sencillo y enorme a la vez: regalar tiempo, atención y sonrisas a personas con discapacidad.
La expedición partió de Lardero, cerca de Logroño, sede de Km Solidarity. Allí comenzó una aventura que no buscaba un destino geográfico, sino emocional. Cuatro BMW, tres R 1250 GS y una F 850 GS, con Eduardo San Vicente, presidente de la entidad, Rodrigo Sánchez, Ismael Santamaría y quien firma estas líneas a los mandos de las motocicletas.

Tras ellas, dos coches de apoyo con Jesús Vicario, José Rodríguez, Candi Díez y Martín Viribay a bordo, un equipo logístico imprescindible para que cada visita se convirtiera en una pequeña celebración. La alcaldesa de Lardero, Isabel Barceló, y el consejero riojano José Luis Pérez Pastor respaldaron la salida. Este último definió a la organización como “una propuesta que vertebra España”, una frase que cobraría pleno sentido a medida que avanzaba la ruta.
“En busca de la sonrisa”: Donde desaparecen las barreras
La primera gran parada fue la Fundación Trébol, en Las Rozas. Allí esperaba un grupo de usuarios que recibió con entusiasmo a los integrantes de la expedición. Aunque el seleccionador nacional, Luis de la Fuente, cuya presencia estaba anunciada, no pudo asistir finalmente por compromisos profesionales ante la inminencia del Mundial de Fútbol, sí envió un mensaje de vídeo que fue recibido con una ovación.
Después llegó el momento más esperado. Las motos quedaron alineadas con los miembros de la ONG junto a ellas y los usuarios del centro comenzaron a acercarse. Algunos observaban con curiosidad; otros, con emoción contenida. En cuanto subieron a ellas desaparecieron diagnósticos, limitaciones y etiquetas. Durante unos minutos sólo existían la ilusión y la imaginación.

La escena se repetiría al día siguiente en Asprona Albacete. Allí, las motocicletas volvieron a convertirse en el centro de todas las miradas. Los usuarios preguntaban, tocaban los depósitos, observaban los cuadros de instrumentos y posaban para fotografías. Muchos jamás habían subido a una moto; otros esperaban ya el regreso de Km Solidarity. Entre risas y conversaciones, María Dolores Olivares, presidenta de Asprona Albacete, afirmaba:
“Estamos muy agradecidos de que hayáis venido hoy a Asprona”, resumiendo el espíritu de la jornada con una reivindicación tan sencilla como necesaria: “No queremos lástima; queremos inclusión”. Aquellas palabras acompañaron al grupo durante el resto del viaje. Porque la ruta no habla de compasión, sino de convivencia. De compartir experiencias. De entender que la normalidad consiste precisamente en participar juntos de las mismas emociones.

La verdadera gasolina de la ruta
Tras una parada en Castellón, la expedición afrontó el tramo final hacia Teruel. El calor y el cansancio acumulado pesaban ya sobre los casi 3.000 kilómetros recorridos, pero nadie parecía dispuesto a prestarles demasiada atención. El último destino fue el Centro Público de Educación Especial Arboleda. Allí, alumnos de distintas edades recibieron a los moteros con la mezcla habitual de timidez y curiosidad.
Bastaron unos minutos para que la distancia desapareciera. Volvieron las preguntas, las fotografías y las sonrisas. Algunas escenas quedaron grabadas para siempre. Como la de una niña conectada a una bombona de oxígeno que no dejó de mostrar cariño y agradecimiento a los miembros de la ONG. Son momentos que explican por sí solos la razón de ser de esta iniciativa.

La teniente de alcalde de Teruel, Carmen Romero, destacó durante la visita que la sociedad comienza a mirar a las personas con discapacidad con mayor normalidad. Y quizá ahí resida el verdadero valor de proyectos como éste: contribuir, desde la cercanía, a una inclusión real. Cuando los motores emprendieron el regreso, el balance era evidente. En todos los centros visitados habían encontrado exactamente lo que salieron a buscar, sonrisas.
San Vicente lo resumía en dos frases. La primera: “Ver esas sonrisas es el motivo por el que hacemos la ruta”. La segunda: “Hemos comprobado que dedicando tiempo se puede hacer felices a las personas”. Ahí reside el secreto de “En busca de la sonrisa perdida”. Porque el verdadero motor de esta ruta es el tiempo que unas personas deciden regalar a otras.

Tiempo transformado en alegría. En cercanía. En afecto. En respeto. Tiempo que, durante cinco días, recorrió parte de España sobre dos ruedas demostrando que la felicidad puede adoptar formas muy sencillas. A veces basta una motocicleta detenida en el patio de un colegio. Una fotografía. Un abrazo. Y una sonrisa. Y mientras siga habiendo gente así, Km Solidarity seguirá saliendo a la carretera. Seguirá buscando sonrisas. Y, como ha ocurrido una vez más en esta novena edición, seguirá encontrándolas.