Daniel nos escribe porque quiere comprar un Peugeot Citystar RS 50 nuevo, y nos pregunta qué tal anda y si, al ser el motor refrigerado por aire, no sufrirá mucho por calentamiento en recorridos largos.
Como ya hemos comentado en alguna ocasión, la gran diferencia entre los motores refrigerados por aire y los “de agua” es el control. Con un sistema de refrigeración líquido es posible controlar mucho más estrechamente en qué margen de temperaturas trabaja el motor. Y eso permite controlar más parámetros, por eso con normas de emisiones o ruido más estrictas, los motores “de aire” van desapareciendo.
Así, hay dos ventajas claves en ello: primero, el motor alcanzará antes la temperatura de trabajo. Esto es importante porque mientras el motor está frío no rinde igual de bien. Sus piezas internas sufren desgastes más altos, ya que se calculan para trabajar unas con otras (fricción) una vez dilatadas a esa temperatura de trabajo. Al estar frías, y pese al aceite (que mientras no está caliente tampoco trabaja igual de bien), se desgastarán prematuramente. La segunda ventaja es obviamente que un sistema con líquido permite extraer más calor del motor, y mejorar su rendimiento, dejándolo en temperaturas de trabajo estables.
Un motor refrigerado por aire es, digamos, una gran “apuesta”. Las piezas se diseñan y calculan con más tolerancias porque el motor podrá trabajar en márgenes más amplios de temperatura, y es preferible perder algo de rendimiento que arriesgarse a un gripaje. La primera apuesta es ésa, contar con tolerancias más grandes para evitar problemas. Lo mismo se aplica a la carburación, que tendrá que ser algo más rica de lo ideal para evitar que, en caso de exceso de temperatura, el motor se quede fino y gripe por ese motivo.



