Ya os lo adelantamos hace bien poco. Dos de las joyas de Joey Dunlop podían acabar en el garaje de algún afortunado. Y así ha sido. Finalmente, las 2 brutales Honda VFR750R RC30 y Honda RVF750 RC45 acaban de cambiar de manos en la subasta celebrada por Bonhams, el pasado 12 de octubre, alcanzando una cifra conjunta de unos 263.000 euros. Sin duda, un nuevo tope de escándalo.
Obviamente, estas dos máquinas no son simples motos de competición: son auténticos pedazos de historia del Tourist Trophy de la Isla de Man y, además, pilotadas por uno de los mayores mitos de “la carrera más peligrosa del mundo”. De hecho, ambas fueron protagonistas de algunas de las gestas más memorables de Dunlop, y su venta marca uno de los hitos más destacados en el mercado de motocicletas históricas de competición.
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Así les fue a las dos Honda de Joey Dunlop que fueron subastadas
La Honda VFR750R RC30, vendida por 132.250 libras (unos 155.000 euros), fue, sin duda, la joya de la corona de la subasta. Con esta moto, Joey Dunlop conquistó nada menos que 2 de las carreras de 1988 de la Isla de Man, sendas victorias que consolidaron su leyenda y el dominio de Honda en las categorías más exigentes del momento.
Como todos sabemos, la RC30, además de “unicornio”, era una máquina adelantada a su tiempo: una V4 de 748 cc con distribución por engranajes, chasis de aluminio y una precisión que la convirtió en una referencia tanto en carretera como en circuito.
Dunlop, siempre fiel a su estilo sobrio pero implacable, llevó la moto al límite, marcando un récord absoluto de vuelta con una velocidad media de 190,75 km/h, una hazaña casi impensable para finales de los años ochenta.
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La segunda protagonista de la subasta, la Honda RVF750 RC45, alcanzó un precio de 92.000 libras (unos 108.000 euros). Se trata de una auténtica moto oficial de HRC (Honda Racing Corporation), con motor y chasis de fábrica, sin sellar, una rareza absoluta fuera del entorno del equipo oficial.
Esta RC45 fue una de las últimas motos que Dunlop pilotó en competición. Con ella consiguió la victoria en el Gran Premio de Ulster de 1999, demostrando que, incluso con 47 años, seguía siendo un adversario temible.
Su trágica muerte el 2 de julio del año 2000, durante una carrera en Tallin (Estonia), dejó un vacío inmenso en el motociclismo, pero su figura continúa viva en el corazón de los aficionados, como acabamos de comprobar en esta subasta.
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