Que en este mundo hay colores para todos los gustos no es nada que no sepamos. De ahí que un coche de tres ruedas como el Reliant Robin (o Rialto), con tendencia a volcar solamente por girar, estuvieran en producción casi dos décadas y se vendieran aun a sabiendas de que una lata de refresco vacía tiene mucha más estabilidad.
Al fin y al cabo nadie puede culpar al apasionado al riesgo, que le guste subirse en un coche de tres ruedas donde una de ellas está delante. De hecho ahí venía el problema, porque hemos visto otros vehículos de tres ruedas en los que si las dos ruedas están delante son geniales (un Piaggio MP3, una Yamaha Niken…), y otros que tenían una rueda delante y dos detrás y eran auténticas máquinas de fabricar desgracias como los trike de los años ’80.
Ahora bien, sabiendo esto es curioso ver como un coche de tres ruedas como el Reliant Robin es la base para una preparación de carreras y, más todavía, como eligen ponerle un motor de una superbike para que sea más rápido.
Hay que decir que el modelo original buscaba ser un utilitario de bajo consumo en los años ’70 ,y por eso llevaba un motor de 848 centímetros cúbicos que ofrecía 40 CV de potencia para un peso de 436 kg. Gracias a ello era capaz de llegar a 136 kilómetros por hora, algo que solamente los más valientes probarían. A todo esto, el consumo era de 4 litros a los 100, que para aquellos tiempos no estaba nada mal.
¿Poner un motor de superbike a un coche de tres ruedas es buena idea?
El caso es que con todos los antecedentes de este “maravilloso” coche de tres ruedas, lo que menos pensaría uno es en meterle un motor más potente y hacer carreras en cuesta. Pero, como decíamos al principio, hay colores para todos los gustos o gustos para todos los colores, y por eso alguien ha considerado buena idea que, en el que quizás sea el coche más inestable de la historia, encajaría perfectamente un motor de Honda CBR1000F Hurricane.
Se trata de la primera saga de CRB, por tanto estamos hablando de una potencia por encima de los 100 CV, pero que queda muy lejos de lo que los motores de hoy en día pueden ofrecer. De todas maneras, con este cambio de propulsor, que todavía es capaz de subir a las 12.000 RPM y chillar que da gusto mientras sube una colina, la potencia disponible casi se multiplica por tres.
Pero no hay de qué preocuparse en absoluto porque además de ver que el coche ha sufrido alguna otra modificación, como ensanchar el eje trasero y suponemos que peso en el lado del acompañante, algo que solucionaban en su momento y para la calle con sacos de cemento.
También le han puesto un gran alerón que, como todo el mundo sabe, es lo primero que hay que hacer para mejorar prestaciones. Eso y ponerle una pegatina de turbo… aunque seguramente eso forme parte del “Stage 2” de la preparación.