Hazan Motorworks, el artífice de esta preparación tan llamativa, quiso dejar claro desde el primer momento que “no tenía ninguna intención de hacer una moto mínimamente práctica”, algo que se agradece pues en muchas ocasiones nos encontramos motos con las que nos preguntamos si realmente su diseñador pensó en algún momento si se podría llevar del punto A al punto B.
En este caso, con la KTM 520 Supercharged de Hazan nos ocurriría lo mismo que con una Board-Tracker de los años 20: no seríamos capaces de recorrer demasiados kilómetros con ella, gracias a un motor que está muy por encima de las prestaciones del chasis, suspensiones y frenos. Hace cien años estaban como auténticas regaderas.
Max Hazan ha partido de un motor de KTM 520. Pero como no le parecía suficiente, decidió acoplarse un pequeño compresor AMR350 (de ahí la coletilla supercharged) que con una compresión de 0,55 bar y gasolina de 110 octanos consigue unos nada despreciables 85 cv de potencia al cigüeñal.
Por supuesto y como buena tracker, el bastidor es rígido en su parte trasera mientras que delante monta una bonita y seguramente poco efectiva horquilla springer. La frenada se confía a un único freno de disco que cuenta con la particularidad de que al mismo tiempo es la corona de la transmisión. Nos imaginamos que la lubricación habrá que hacerlo con especial cuidado para no tener luego sustos cuando se intenta parar.
Las llantas son un trabajo casi de orfebrería. Hechas a mano, los bujes son planos, por lo que los radios se anclan de forma directa y no en el borde, como suele ser habitual. La trasera además cuenta con un radiado muy particular, dado que el buje trasero es al mismo tiempo el soporte del disco/corona y por lo tanto, la longitud de los radios son muy diferentes.
El minimalismo de la carrocería queda patente ya que únicamente cuenta con un depósito de combustible fabricado en aluminio 6061 junto a un asiento de madera y guardabarros cromados. Su peso es de sólo 111 kilos que para los 85 cv de potencia, hacen que sea un auténtico misil… sobre el papel.
Un manillar limpio de elementos, faro minimalista, embrague suicida en el pie y palanca de cambios de mano en el lado izquierdo además de un escape de salida directa completan esta preciosa moto que nadie diría que parte de un motor pensado para la tierra.








