El nuevo reglamento hará que las MotoGP de 2027 sean notablemente diferentes a las motos que tenemos actualmente en pista. Habrá una nueva motorización que rebajará otra vez la cilindrada máxima de los 1.000 a los 850 c.c… Se trata de una vuelta atrás como la que ya vimos en 2007, aunque en aquella ocasión eran 800.
También variará la aerodinámica. La escalada que ha ido convirtiendo las motos en pequeños alerones con ruedas se verá reducida, con unas limitaciones que buscarán evitar los problemas derivados de la aerodinámica como son el aire sucio, las aspiraciones en frenada y el sobrecalentamiento de los neumáticos al rodar en grupo.
Los cambios en las MotoGP de 2027 van más allá de motor y aerodinámica
Por si todos estos cambios fueran poco importantes, también se prohibirán los dispositivos que varían la geometría de la moto en marcha, los mal llamados “holeshot y rear device”, y además Pirelli entrará como nuevo suministrador de neumáticos.
Toda esta mezcla hace que las MotoGP de 2027 sean notablemente diferentes a lo que estamos acostumbrados y también, teóricamente, más lentas. Al menos eso es lo que indican las simulaciones a las que ha tenido acceso Loris Capirossi, y que revelan que todos estos cambios llevarán a tiempos por vuelta de entre 1,5 y 2,5 segundos en función del circuito.
Eso sí, no cabe duda y en el caso de Capirossi tampoco la tiene, que esa será una diferencia inicial, pero que marcas e ingenieros conseguirán que las MotoGP de 2027 vayan evolucionando rápido. Cuando pase algo de tiempo, los cronos se acercarán a los que estamos viendo en la actualidad.
Capirossi, que hacía estas declaraciones en el podcast Mig Babol de Andrea Migno, también habló de su época en MotoGP y del convencimiento personal de que sin alas la última MotoGP que pilotó en 2011 no estaría tan lejos en el crono comparada con las actuales. Lo cierto es que aun sin alas, una MotoGP actual no tiene nada que ver con aquellas motos, ni en geometrías ni en tamaño ni en la evolución tecnológica. Pero de poder hacer la prueba, se confirmaría la máxima de que cada décima cuesta muchos cientos de miles de euros.