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La sal de las carreras

Fotos: Motogp.com
Fotos: Motogp.com
Momentos como el vivido ayer en la última curva de Assen son los que hacen que este deporte nos enamore. Por encima de fanatismos y pasiones, por encima de cualquier razonamiento, la disputa que ayer nos regalaron Valentino Rossi y Marc Márquez es la sal de las carreras.

Si le preguntas a cualquier buen aficionado sobre una carrera histórica, de esas que quedan grabadas en la memoria, seguro que la pugna entre Wayne Rainey y Kevin Schwantz en Suzuka 1989 es una de ellas. Fue una rareza de aquella época, en la que, por lo general, las carreras se ganaban con seis u ocho segundos de ventaja. Pero con frecuencia la memoria nos engaña y nos hace creer que en esa mítica etapa del Mundial todos los Grandes Premios fueron poco más o menos como aquella carrera de Suzuka. Pero seguramente en todos los Grandes Premios disfrutamos con un chispazo de magia, y con eso nos bastó para enamorarnos.

Yo pienso que el Mundial de MotoGP que disfrutamos en la actualidad y en los años recientes es el campeonato de mayor nivel que nunca se ha dado en el motociclismo deportivo. Y esta afirmación la sostengo con firmeza ante cualquiera.

Y lo que vimos ayer fue una de las mejores carreras contemporáneas. No fue la encendida batalla de Suzuka, pero estuvo cargada de una magia especial, una tensión que hay que valorar. Hay que valorar el tesón de Valentino, su genialidad, su orgullo, su clase, su inteligencia, porque para él lo más sencillo habría sido no jugársela en la última curva y evitar complicaciones con un rival como Marc, que ya no cuenta para el título. Pero si hubiera hecho eso, habría dejado de respetarse a sí mismo. Y hay que valorar también la capacidad que tiene Marc para no rendirse nunca, porque después de los repetidos errores de anteriores carreras no se conformó con llegar a meta, y nos dio una lección de templanza durante prácticamente toda la carrera, aguantando a rueda de Rossi, sin un movimiento, sin un susto, como si no fuera él.

Esas 26 vueltas de tensión quedaron resumidas en una última curva, seguramente la última curva más mítica del campeonato. Fue como latigazo: tan rápido y sonoro que nos levantó del asiento. Al menos a mí.

Y lo que sucedió después, también lo hemos vivido ya. El aparente romance (inexistente desde hace tiempo) entre Rossi y Márquez salió muy tocado de Termas, y en Assen ha quedado definitivamente roto. Ya son dos enemigos irreconciliables, aunque todavía muestran una exquisita cortesía, pero el lenguaje corporal empieza a ser muy evidente. Rossi ha colocado a Márquez donde quiere tenerlo: enfrentado a él. Alguien que conoce muy bien a Valentino me dijo una vez que Rossi necesita odiar a su enemigo. Y ya lo odia, como odió a Biaggi (bueno, quizás no tanto), a Gibernau, a Stoner, a Lorenzo… A todo el que se ponía en su camino hacia el título.

Y no es por malicia, simplemente es la ley de la jungla, la supervivencia entre depredadores. Cuando uno de ellos deja de ser su rival, se recupera la familiaridad, como ha sucedido con Sete, con el que se saluda con una cordialidad extraordinaria. Incluso su relación con Lorenzo, aunque tiene picos de tensión, no tiene nada que ver con el pasado… de momento. Lo de Biaggi y Stoner ya es otra cosa. Pero llegará un día, dentro de treinta o cuarenta años, cuando Rossi haya decidido finalmente dejar de competir, que podrá tener una buena amistad con todo el mundo…

El suyo es un odio de guante blanco, elegante, y también consigue que Marc le responda de manera similar. Aunque Rossi sabe sacarle de sus casillas. Lo hizo el viernes, en la rueda de prensa. “Nosotros con la Yamaha frenamos antes, acuérdate, es la moto azul…”, interrumpió Rossi a Márquez bromeando sobre la forma de frenar de Marc y lo cerca que estuvo de llevarse por delante a Lorenzo en Montmeló. Marc respondió entre risas, aunque no le hiciera gracia: “Yo frenaré más tarde, que así me pongo delante”, dijo, como si estuvieran anticipando lo que sucedió el sábado en la última curva.

Cada uno tenía su visión: “Yo me he mantenido por dentro de la pista y Valentino ha cortado la curva. Sí que es cierto que ha habido contacto, pero también lo es que él ya sabía que yo estaba allí, se quejó Márquez.

“Sinceramente, no he acortado porque yo he querido sino porque él me ha mandado fuera, dijo Valentino. “Yo estaba dentro de la curva y él ha alargado la frenada un metro. Yo estaba ya a un metro del piano y no entiendo sinceramente dónde ha visto Marc el espacio para pasar. Pero con Márquez siempre es así, siempre es una lucha dura, y es importante que si él juega duro los demás puedan responderle”, insistió Rossi, mandando un evidente mensaje.

En la rueda de prensa posterior, Márquez dejó una frase hiriente: De Rossi hoy solo he aprendido motocross. Rossi no dijo nada, pero su lenguaje corporal habló por él. Sonrió con un gesto forzado, tensando el cuerpo.

Estoy seguro que la última curva de Assen habrá provocado encendidos debates entre partidarios de unos y otros. Esto también forma parte de la sal de las carreras. Creo que, con toda justicia, no deja de ser un lance de la carrera. Pero si los seguidores de Márquez no estáis de acuerdo y consideráis que cortar el trazado como hizo Rossi merece una sanción, permitidme que os haga una única sugerencia: Gran Premio de Estados Unidos de 2013. Y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

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