INRIX es una reconocida empresa internacional de análisis de transporte y servicios para coches y en su Informe Anual de Medición de Tráfico 2015 estudió la congestión del tráfico en 13 países europeos y 96 ciudades durante 2015.
Respecto a España, los niveles de tráfico aumentaron por segundo año consecutivo, haciendo que los automovilistas españoles perdieran una media de 18 horas en atascos durante 2015, una hora más que en 2014.
Nuestro país se encuentra en decimoprimera posición en el ranking de congestión europea, liderado por Bélgica, donde los conductores perdieron una media de 44 horas en congestiones de tráfico, o lo que es lo mismo, casi dos días de su vida al año.
Barcelona y Madrid se sitúan a la cabeza de la lista de las ciudades más congestionadas de España. Los conductores catalanes perdieron una media de 28 horas en congestiones de tráfico durante 2015, tres horas más respecto al año anterior, mientras que Madrid sigue siendo la segunda ciudad más congestionada del país y los conductores perdieron alrededor de 21 horas en atascos.
Si estos números parecen altos, una vuelta por las principales ciudades del mundo nos deja un panorama aún peor: Londres encabeza la lista de ciudades más congestionadas y los conductores londinenses perdieron una media de 101 horas, lo que se traduce en más de 4 días al año en atascos.
Le siguen Los Ángeles (81 horas), Washington DC (75), San Francisco (75), Houston (74), Nueva York (73), Stuttgart (73), Amberes (71), Colonia (71) y Bruselas (70).
En este estudio se analizan tiempos de desplazamiento, pero no se incluye el precioso tiempo que también supone la búsqueda de aparcamiento para los vehículos de cuatro ruedas.
Los usuarios de motos recuperan días de vida y ocio cada año frente a los conductores de coches, por no mencionar el ahorro de dinero en combustible y la menor contaminación de los vehículos de dos ruedas.
En definitiva la movilidad urbana en moto no sólo supone un menor coste monetario por desplazamiento y aparcamiento, también nos ahorra nuestro bien más preciado e irrecuperable: el tiempo.







