El año 2025 volvió a dejar una fotografía incómoda para el sector de la moto en materia de seguridad vial. En las carreteras españolas perdieron la vida 304 motoristas (sin contabilizar vías urbanas), a los que se suman otros 5 fallecidos en ciclomotores. Una cifra prácticamente calcada a la de 2024, con una tasa de 0,67 fallecidos por cada 10.000 motos en circulación, pero que consolida una realidad preocupante: 304 motoristas fallecidos en 2025: la cifra más alta en años.
Pese a la ligera mejora global de los datos de tráfico, los usuarios de dos ruedas siguen encabezando las estadísticas de mortalidad entre los colectivos considerados vulnerables, una situación que el propio sector considera insostenible sin un cambio profundo de enfoque.
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Estadísticas de siniestralidad: una estabilidad que no es suficiente
Los datos provisionales de DGT y ANESDOR correspondientes a 2025 confirman 304 fallecidos en moto en carreteras interurbanas y 16 más en ciclomotores. Si se amplía el foco al conjunto de la red viaria, incluyendo zonas urbanas, la siniestralidad general muestra una ligera tendencia a la baja. Sin embargo, en el caso de la moto esa mejora es mucho más tenue.
La evolución histórica de la última década refleja una reducción gradual desde los picos de hace más de 10 años, pero también evidencia un estancamiento preocupante en los últimos ejercicios.
El crecimiento del parque, cada vez más numeroso, no ha venido acompañado de una caída proporcional de víctimas, lo que mantiene a la moto en una posición de especial fragilidad dentro del sistema de movilidad.
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Factores de riesgo más frecuentes: la salida de vía como patrón mortal
El análisis de los accidentes mortales revela un patrón claro: la “salida de vía” es la principal causa de siniestros con resultado fatal, concentrando el 43% de los accidentes mortales en moto. A este factor se suman otros recurrentes como el exceso de velocidad, las distracciones, el estado del firme o un trazado de carretera poco adaptado a vehículos de dos ruedas.
La antigüedad del parque también juega un papel clave. Muchas motos carecen de sistemas de seguridad hoy considerados básicos, como el ABS, obligatorio solo en modelos más recientes.
En el caso de los ciclomotores, los datos son aún más alarmantes: según estudios sectoriales, en 2025 seis de los 16 ciclomotoristas fallecidos no llevaban casco en el momento del accidente, lo que evidencia que la concienciación y el control siguen siendo asignaturas pendientes.
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Comparativa con otros usuarios: vulnerabilidad estructural
Aunque las motos representan alrededor del 10% del parque de vehículos, su peso en las cifras de mortalidad es muy superior en proporción. En 2025, los motoristas fueron el colectivo con mayor número de fallecidos en carreteras interurbanas, por delante de peatones y ciclistas.
Si se observan los datos en términos generales, España registra unos 35 fallecidos por millón de habitantes, una cifra relativamente contenida en el contexto europeo. Sin embargo, cuando el análisis se centra exclusivamente en la moto, la tasa se dispara.
No es una cuestión coyuntural, sino estructural: “La moto sigue siendo el usuario más vulnerable en carretera”, y cualquier impacto, por leve que sea, tiene consecuencias mucho más graves que en otros vehículos.
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Medidas y recomendaciones: del diagnóstico a la acción
Desde ANESDOR y otras entidades del sector se insiste en que las medidas aplicadas hasta ahora, aunque positivas, son insuficientes para lograr una reducción drástica de la siniestralidad. Las campañas de concienciación deben ir acompañadas de actuaciones concretas sobre la infraestructura, como asfaltos antideslizantes, señalización específica para motoristas o sistemas de protección en guardarraíles.
La tecnología también juega un papel decisivo. El ABS obligatorio ha demostrado su eficacia, pero el futuro pasa por sistemas avanzados de asistencia, detección de colisiones, eCall y equipamiento de protección personal como los airbags integrados en prendas y cascos.
A todo ello se suma la formación, tanto inicial como continua, con cursos de perfeccionamiento que ayuden a los motoristas a anticipar riesgos y mejorar su conducción en entornos reales. En este contexto, “ANESDOR aboga por un enfoque integral: formación, infraestructuras y tecnología como pilares inseparables de cualquier estrategia eficaz”.
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Retos normativos: regulación, etiquetas y coherencia
El marco normativo sigue siendo otro de los grandes desafíos. El debate sobre la obligatoriedad de nuevos dispositivos de señalización, la revisión de los límites de velocidad en carreteras secundarias o el refuerzo de los controles de alcohol y velocidad sigue abierto.
Especialmente controvertido resulta el sistema de etiquetado ambiental. Más de un millón de motos Euro5 y Euro5+ cuentan con etiqueta C pese a registrar emisiones muy bajas, lo que limita su acceso a determinadas zonas urbanas. Desde el sector se reclama una corrección del sistema que tenga en cuenta la realidad técnica de la moto y evite situaciones paradójicas en las que un vehículo moderno y eficiente queda peor clasificado que un turismo antiguo y más contaminante.
Como vemos, los datos de 2025 vuelven a subrayar una evidencia incómoda: la mejora de la seguridad vial no puede construirse a base de medidas aisladas. Mientras no se aborde la problemática de la moto desde una visión global y específica, los motoristas seguirán ocupando, año tras año, el lugar más vulnerable de la estadística. Una auténtica pena.
