A pesar de que los pronósticos meteorológicos no eran buenos, La Fiesta de la Moto contaba con una alta preinscripción en días previos (cerca de 4.000 aficionados) lo que, unido a un cartel de eventos realmente excepcional, ha conseguido que miles de moteros y aficionados a las dos ruedas se hayan acercado para participar de una forma u otra en este evento.
El viernes comenzaba con amenaza de lluvia y con previsiones de un 100% de precipitación para la tarde, pero eso no hizo que fuesen muchos los moteros que se acercaron hasta el nuevo recinto (los terrenos de la Antigua Hípica Militar) habilitado para el desarrollo de la concentración y para próximas ediciones de Pingüinos.
El propio alcalde Óscar Puente ha estado siguiendo en primera persona, no sólo el montaje de dichas instalaciones, sino también todos los eventos que se han podido disfrutar en Valladolid (desfiles, exhibiciones, conciertos, etc) con el fin de tomar nota de cara a próximas ediciones y supervisar de primera mano todas las actividades e instalaciones.
Nosotros nos acercamos para comprobar que, efectivamente, el lugar elegido por el Ayuntamiento puede dar cobijo a esta concentración en años venideros, lugar que se pretende ampliar en el futuro. A su vez, las instalaciones disponibles mejoraban a las de años pasados, algo que sin duda es de agradecer, sobre todo para la gente que acampa y “vive” en el campamento durante los 3 días.
Las previsiones no fallaron y el viernes fue pasado por agua. Tanto las exhibiciones como los conciertos no se libraron de las inclemencias del tiempo, pero eso no hizo que los que se acercaron a la zona de acampada pudiesen disfrutar de grupos como Trogloditas, La Guardia, La Frontera, Rebeldes o Burning en una noche que daba paso al día “grande” de la concentración.
El sábado Valladolid amanecía con cielo azul. De nuevo y como venía siendo habitual durante años, la ciudad del Pisuerga se echaba a la calle y hacía sentir su cariño a más de 10.000 moteros que abarrotaron el centro de la capital tras iniciar el desfile desde la zona de acampada. En la acera de Recoletos esperaban ya Emilio Zamora y Ángel Cuadrado. El show de Stunt fue todo lo que cabía esperar con dos pilotos de la talla de los nombrados.
Un Emilio por el que no pasan los años, se ganó al público con su finura espectacularidad y cercanía habitual, uno de esos pilotos que la gente quiere y que sabe cómo hacerse querer. Sobre sus Ducati, quad y minimoto, nos regaló momentos “Made in Emilio”, de los que te dejan pensando cómo se puede llegar a ese nivel con esas motos.
Por otra parte Ángel Cuadrado pilotaba en casa con el plus que eso supone y Valladolid se volcó con un piloto que ya está al nivel de los mejores del stunt. Deleitó a los presentes con entrega y ganas de gustar, sin duda uno de los pilotos que más dará que hablar en el futuro del stunt y de la concentración.
La lluvia volvía a hacer acto de presencia, pero Valladolid seguía de fiesta con multitud de actividades como la ruta del tapeo, circuitos de seguridad vial para los más pequeños o exposición de motos antiguas mientras todos los aficionados teníamos las ganas y la incertidumbre de ver el desfile de antorchas por la ciudad.
A las 20:00 comenzaba el desfile de banderas en homenaje a los motoristas fallecidos, como no, pasado por agua de nuevo. Un acto que cruzaba el puente de Poniente para culminar con la entrada en la Plaza Mayor.
Quizás fue el único momento que no lució como debería durante su transcurso. Demasiadas motos, muchas de ellas sin antorcha, mucho ruido, cláxones, cortes de inyección e incluso motos y ciclomotores quemando rueda, hicieron que se perdiese ese espíritu de respeto y solemnidad que sí que había acompañado en el pasado a este desfile. Quizá por la organización o por el desconocimiento de muchos moteros de lo que esto significa, parecía un nuevo desfile de entrada a Valladolid, algo más festivo que de respeto. Esto no impidió que la Plaza Mayor (todavía decorada con los motivos navideños), luciese absolutamente espectacular a la entrada de las motos, algo que se acompañó con música en directo y pirotecnia desde el Ayuntamiento de Valladolid.
Quedaba lo mejor de la noche. En la zona de acampada esperaban Danza Invisible, Los Extraños y Mago de Oz. Conciertos espectaculares donde poco a poco los primeros se fueron metiendo a la gente en el bolsillo para que Mago de Oz encendiese a todos los presentes con un directo de los de recordar. Óscar de Rivera y Carlos Jean culminaron una noche de conciertos de un nivel nunca antes visto en anteriores concentraciones, algo de agradecer.
El domingo y para despedir la cita, de nuevo más agua que ha hecho suspender los actos que quedaban. Tras la entrega de premios y la ceremonia de clausura, quedaba citarse para 2017.
La Fiesta de la Moto se cierra como una concentración que ha conseguido lo que se pretendía, mantener el espíritu de Pingüinos para que en 2017 se celebre con normalidad. Más de 6.000 inscritos oficiales, que en contabilizaciones de concentración se acercarían a los 24.000, y más de 12.000 motos por la ciudad ha sido el balance final. Se han sentado unas bases muy importantes de cara al futuro y se han dado pasos muy importantes de cara a las instalaciones y eventos. Ahora solo queda ver el futuro y esperar que Valladolid siga siendo para siempre la ciudad de los Pingüinos.







