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Una leyenda del ring, una Harley con historia y una puja que sorprende

La moto del reciente fallecido George Foreman tiene nuevo dueño

Fotos: Bring a Trailer
Fotos: Bring a Trailer
Una Harley-Davidson con más de dos décadas a la sombra de un icono del boxeo como George Foreman acaba de cambiar de manos por un precio inesperado. Una historia que va mucho más allá de los kilómetros que marca su odómetro y es que no todas las motos cuentan con la bendición de un doble campeón del mundo.

Hay motos que valen por lo que son, otras por lo que significan. En este caso, el valor simbólico pesa tanto como los cromados. No todos los días aparece en una subasta una Harley-Davidson que haya sido propiedad de George Foreman, uno de los grandes pesos pesados del boxeo del siglo XX y, además, reconocido coleccionista de vehículos.

La Fat Boy en cuestión no era una moto cualquiera. Foreman la compró nueva en 1992 y luego formó parte de su garaje personal durante más de 20 años. Además, no fue un simple objeto decorativo: fue modificada al gusto del campeón, con detalles personalizados que iban desde la pintura hasta los escapes. Su valor, en principio, debería ir más allá del modelo en sí y ser prácticamente una pieza de coleccionista.

El depósito no deja dudas, era la Fat-Boy de George
El depósito no deja dudas, era la Fat-Boy de George

Así que lo curioso no es que se vendiera, lo que realmente llama la atención es el precio que alcanzó: apenas 6.200 dólares (5.320 euros al cambio), una cifra muy por debajo de lo que podría esperarse de una pieza con semejante pedigrí. Y aunque no se trata de una moto de récord, su historia bien podría haber merecido una puja más ajustada a su legado. Para hacerse una idea, una Harley de Elvis se vendió por 800.000.

La Harley que la leyenda del ring “Big George” hizo suya

Quienes conocen el universo Harley-Davidson, saben que los modelos Fat Boy de principios de los noventa tienen su propio lugar por mérito propio. Y si a eso se le suma la conexión con un personaje como George Foreman, la mezcla es casi irresistible. Pero no siempre las subastas siguen la lógica de la emoción.

Como decíamos, Foreman adquirió esta Fat Boy nueva y, lejos de dejarla de serie, le fue dando forma con detalles que la alejaban del catálogo original. El primero, un esquema de pintura bitono en rojo con líneas doradas aplicado en 1993 por Carlini Autographics. A eso se sumaron unas alforjas de cuero, un escape doble tipo megáfono —de los que no pasan desapercibidos— y un guiño personal en forma de logotipo de hamburguesa en el asiento, una posible referencia a su conocida faceta como empresario de parrillas eléctricas.

La hamburguesa en el asiento es otro de los toques de personalidad que tiene la moto
La hamburguesa en el asiento es otro de los toques de personalidad que tiene la moto

El motor, un clásico Evolution V-Twin de 1.343 cc con carburadores Keihin, se mantiene como era de esperar. Su kilometraje, ridículo para una moto de su edad: apenas 2.499 millas en el reloj. Eso sí, ni abandono ni descuido. Todo indica que fue conservada con mimo, como una pieza más dentro de una colección que mezclaba músculo y elegancia, como su dueño.

Puede que la cifra final de la subasta no refleje lo que significó esta moto para Big George, pero el nuevo propietario no solo se lleva una Harley, se lleva una parte de la historia personal de un campeón que supo dejar huella, también literalmente en el cuerpo de muchos rivales…

David Robledo
David Robledo
La pasión por las motos me viene desde la cuna. En casa la afición de la moto de mis padres, especialmente mi padre, nos hizo vibrar cada domingo y viajar a las carreras. Así que el momento de flirtear con las carreras llegó y durante un tiempo jugué a eso de ser piloto (en motocross, que no había dinero para más). Colgadas las botas y el casco llegó el paso natural, seguir en las carreras al otro lado del muro y en eso llevo desde 2007 trabajando con equipos y pilotos primero, y como parte de SoyMotero.net desde unos años después, especializado como no en todo aquello que tiene que ver con la competición en cualquier de sus vertientes. ¡Siempre full gas!

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