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Prueba Harley-Davidson Livewire 2020: ángel y demonio

Un carácter dócil y ecológico, o salvaje y deportivo: tú elijes
Fotos: HD España
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Probamos por fin la “Harley eléctrica”: la Livewire es una moto diferente a todo lo que los americanos han fabricado hasta ahora, en muchos sentidos. Y nos ha gustado mucho.

La Livewire es una moto crucial para Harley-Davidson. No porque les vaya a reportar grandes cifras: su precio (desde 33.700 euros) ya la deja limitada en ese aspecto, y el ser eléctrica todavía hoy, en el mundo de la moto, también. Pero es un modelo importante porque representa un auténtico salto al siglo XXI, y además señala a Harley como la primera gran marca en atreverse a dar ese salto. BMW tiene su scooter eléctrico, pero por ahora solo eso, y ninguna de las cuatro japonesas, ni las otras europeas (KTM, Ducati o Triumph), cuentan con una moto eléctrica en su catálogo ni la tendrán a corto plazo. Pero mañana mismo tú puedes ir a comprar tu Livewire (consulta su ficha técnica aquí) si lo que voy a escribir te gusta… y (aviso) te gustará.

Desde que se presentó como prototipo hace unos años, cuando la dejaron probar a posibles clientes y periodistas en varios paises, la Harley-Davidson Livewire no ha cambiado demasiado. La estructura se centra en la gran batería central (de 15,5 kWh) con chasis exterior aleteado (refrigeración por aire) a la que abraza un chasis doble viga desmontable. La carga de esta batería se realiza por arriba, por donde llenarías un depósito de gasolina. Con un conector de alta potencia (hasta 24 kW) se carga rápido (una hora o menos), pero Harley no permite hacerlo por costumbre so pena de perjudicar la vida a largo plazo. La alternativa es el cargador de serie para casa (enchufes domésticos de 2 kW), que necesitará demasiado tiempo si dejamos la batería “seca” (más de 12 horas).

Debajo de la batería y en posición longitudinal está el motor (refrigerado por líquido) y encima la electrónica de control (también refrigerada por líquido, con un pequeño radiador común). El motor pasa su potencia (78 kW, algo más de 100 CV) directamente a la rueda trasera con dos engranajes, uno cónico inicial (cambia necesariamente 90 grados el giro del motor longitudinal al piñón de salida) y la correa dentada final. Aunque más que potencia aquí manda el par: hasta 116 Nm ofrece de salida este motor, es decir, el equivalente al máximo de un motor “mil” deportivo. Además de buenas suspensiones (Showa) y frenos (Brembo) la electrónica de control (con IMU de seis ejes) nos ayudará a pilotarla. 

Angel

Nos ponemos en marcha a primera hora de la mañana por las carreteras de la vertiente sombría de Collserola, cerca de Barcelona. Como cualquiera que conozca la zona sabe, la humedad del asfalto recomienda prudencia y por eso activamos el modo “Rain”, el más tranquilo, para empezar a tomarle el pulso a esta Harley-Davidson eléctrica. El acceso a las funciones de la pantalla parece sencillo, y el tacto del gas para ponerse en marcha, impecable. 

Un detalle curioso es que, una vez “en marcha”, si mueves ligeramente la moto sientes una vibración… como avisándote que tienes un motor activo, como si estuviera al ralentí. Al abrir gas sale suavemente pero sigue acelerando, de forma progresiva pero contundente. Incluso en el más tranquilo modo Rain, la Livewire acelera con ganas, diría que más que una moto de 48  CV por ejemplo. El cambio al modo Eco no la “duerme” como suele ocurrir en otros casos, sino lo contrario: sale con más ganas y se pone a ganar velocidad antes que en modo Rain. Un anticipo de lo que nos espera luego…

Llama la atención el buen comportamiento logrado: con suspensiones no particularmente rígidas, es decir todavía cómodas (sin impactos al pasar bandas de reducción de velocidad por ejemplo), la moto la mueves de lado a lado tan rápido que sorprende confirmar que ronda los 250 kg de peso. Incluso permite cambiarla ligeramente de trayectoria en plena trazada, jugando con el freno trasero. Freno que, personalmente, preferiría tener en la mano izquierda (sin ninguna maneta) y no en el pie derecho… pero comprendo que ese cambio pueda llegar más adelante para que ahora no «parezca menos moto”. Puestos a pedir, un manillar un poco menos ancho y con las puntas algo más atrás, me vendría perfecto (aunque otros pueden preferir éste). 

Detalle de la bateria de la LiveWire

Demonio

Llegamos a zonas de asfalto en mejor estado y, sobre todo, seco: es el momento de empezar a jugar con los modos de motor, que aquí y como descubriremos enseguida cambian radicalmente el carácter de la moto. Realmente la Livewire tiene dos almas antagonistas, no es que con el modo normal “vaya bien” y en moto tranquilo “se quede algo sosa”, como puede ocurrir con cualquier moto moderna con motor de gasolina y modos de motor. No, aquí el cambio es mucho más radical. 

Si en modo Rain, incluso Eco, la Livewire es una moto muy suave y agradable, con buena aceleración mejor que la de una moto del A2, al pasar a los modos Road o Sport, se transforma. Ahora el primer golpe de gas sigue siendo suave, pero instantes después se desencadena un torrente de empuje que te hace sujetar al manillar con fuerza. La aceleración es tremenda, como si estiras marchas con ganas en una moto de gran potencia… Si antes los 100 CV parecían muy dóciles, ahora es una jauría furiosa que afortunadamente la electrónica mantiene bajo control. 

Para los más atrevidos, después descubrimos que todavía hay más: a través de los modos “Custom” configurables, podemos llegar al 100 por cien de potencia (incluso el modo Sport sólo se queda entre el 80 y el 90 por cien, nos dijeron). Y también podremos aumentar la sensibilidad del acelerador, incluso entonces la moto nos permitirá desactivar el control de tracción para un “descontrol” total. Eso es imposible desde los modos estándar, el control siempre está ahí para evitar un incidente involuntario. Será posible (incluso fácil) hacer caballitos y burn-outs… Pero esto no se lo digas a nadie, que prometimos no desvelar el secreto, ¿vale?.

Con el motor dando lo mejor de sí, enlazar curvas es más que divertido y hasta podemos salir derrapando de las rotondas en modo Sport (el Road mantiene un control más conservador de la tracción y notas cómo corta si te pasas de entusiasta con el gas y la moto inclinada). Eché de menos algo más de retención en la mayoría de modos, pero es algo que se puede programar y parece que quienes probaron las primeras versiones pidieron justo lo contrario.

prueba_harley_davidson_livewire_8

Valoración Final

Teníamos muchas ganas de subirnos en la Livewire: la propulsión eléctrica, más allá de políticas demagogas, es el futuro (por lo menos en corto alcance) y las motos llevamos bastante retraso con este tema. Que una gran marca como Harley apueste por un modelo como éste no solo les pone por delante tecnológicamente, sino que nos permite anticipar cómo serán muchas motos en un futuro cada vez más cercano.

Ese futuro será bastante silencioso, pero nada aburrido. La Livewire puede ser una tranquila naked-custom de paseo con la que cubrir muchos kilómetros por muy poco dinero en kilovatios-hora entre semana. Y, la misma Livewire, puede ser un demonio con el que quemar adrenalina el fin de semana, con solo tocar un par de botones. Ahora mismo solo su precio (desde 33.700 euros) la hace muy exclusiva, porque salvo para los más ruteros (para viajar), es una moto perfectamente válida.

Lo mejor
  • Aceleración y potencia motor
  • Comportamiento y estabilidad
  • Facilidad de uso (modos)
  • Manejabilidad (no es alta ni parece tan pesada)
Mejoraríamos
  • Sin protección aerodinámica
  • Precio y carga doméstica lenta
  • Manillar algo ancho y abierto

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