A todos nos gusta que los planes salgan bien: a ti, a mí, al Coronel Hannibal Smith y, por supuesto, a Harley-Davidson. Pero por mucho que lo intentemos no siempre lo conseguimos, y eso precisamente es lo que le ha pasado a Harley. Hay que volver atrás en el tiempo para poner en perspectiva la situación. Cuando Donald Trump llegó por primera vez al poder en Estados Unidos, su intención fue la de proteger a las empresas estadounidenses frente a las europeas.
Para ello puso en marcha un duro paquete de acciones comerciales que acabaron con la denominada “guerra comercial”, en la que muchos productos y materias primas europeas se grabaron con aranceles elevados. La respuesta por parte de la Unión Europea fue la misma, y las grandes marcas de motos de un lado y el otro del charco fueron realmente perjudicadas.
Entre las perjudicadas estaba lógicamente Harley-Davidson, por lo que el fabricante estadounidense decidió poner en marcha nuevas estrategias para hacer llegar el producto a Europa. Estas consistían en trasladar parte de la producción fuera de Estados Unidos. De hecho, Harley movió parte de esta hasta Tailandia, que no tiene aranceles por parte de la UE.
Pero al llevar a cabo este movimiento en la Unión Europea, decidieron demandar al gigante americano, alegando que esta estrategia solamente buscaba evitar los aranceles anteriormente citados. El proceso llegó hasta el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que falló contra Harley con la conclusión de que no había una eficiencia económica detrás de su cambio de producción, sino la intención de eludir regulaciones.
A pesar de ello, desde 2022 hasta 2025 no ha habido aranceles a las motos que llegaban de Estados Unidos, por lo que en realidad este contratiempo lo que implica es un desafío extra de cara al futuro, siempre y cuando la situación no se calme. Algo que no parece estar en los planes del nuevo ejecutivo estadounidense, que tomará posesión a finales del próximo enero.
No solamente Harley es la perjudicada por esta decisiones
Por tanto, esta decisión pone a Harley-Davidson en una situación ciertamente comprometida, en un momento en el que el fabricante estaba recuperando el ritmo y mejorando en 2024 las ventas conseguidas en 2023.
Aun así, estas medidas y decisiones políticas no afectan solamente a Harley sino también a otras marcas como Indian o Zero, de la misma manera que las marcas europeas podrían verse afectadas si la guerra comercial se recrudece.
Un panorama que no es beneficioso para nadie, más allá de las arcas públicas y de una supuesta mejora del mercado interno. Una autarquía moderna que suena utópica en un mundo tan extremamente globalizado.
