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Viviendo una «Papanoelada motera» madrileña

Fotos: SMN
Fotos: SMN
Formamos parte de uno de estos entrañables desfiles y participamos de la diversión, tanto de sus motoristas disfrazados como de los sorprendidos viandantes, particularmente los más pequeños. Te contamos a continuación cómo se siente desde dentro una 'Papanoelada motera'.

De todos es sabido que tras el manillar de una moto, todo nuestro entorno nos alcanza con una intensidad inaudita. Y la Navidad, con ese halo festivo y entrañable que envuelve sus días, no iba a resultar menos intensa, precisamente para el motorista.

Ya se han celebrado en ciudades como Vigo, Badalona, León o Barcelona, y nosotros no quisimos perdérnoslo, desde luego, con lo que participamos en una ellas, yéndonos hasta el arranque de la Papanoelada 2017 de Madrid.

Cientos de réplicas del personaje más universal de La Navidad surcaron en moto la arteria principal de la capital de España, convertida durante estos días en un espacio preferente para el peatón que recorre sus aceras ampliadas en busca de unas compras apresuradas, lo mismo que para los paseantes que se dejan empapar, llevando de la mano a los más pequeños, por la magia de la Navidad, deslizando sus pasos bajo el resplandor y el colorido de su gala luminosa.

Preparándose la Papanoelada Madrid 2017

Y así vimos desde nuestra moto cómo tanto los más grandes como los críos, que viven estos días con el corazón en volandas de su ilusionada fantasía, se detenían sorprendidos ante una caravana motociclista, que dejaba en esos pequeños una mirada deslumbrada por el paso interminable de un Papá Noel multiplicado y motorizado.

Erres y custom, nakeds y trails, lo mismo que las GTs o las 125, desfilaron bajo las luces de la calle de La Princesa, de la Plaza de España y de toda la Gran Vía, para brindar un espectáculo divertido y cercano a todos los que en estos días tan familiares se habían dejado caer por el centro de Madrid.

Y la comitiva finalizó su recorrido junto a la Plaza Mayor, rematando allí la actividad motera, como no podía ser de otro modo, con un castizo bocadillo de calamares.

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