Tyler Bereman es un viejo conocido del MX profesional, así como de los espectáculos de freestyle. Él ha sido el encargado de ejecutar con noble destreza el circuito de tierra Island Hopper diseñado por Red Bull. Un reto de 700 metros de longitud que tiene la particularidad de contar con 15 saltos donde, lo único que hay debajo de la moto y el piloto, es agua. Así que podéis imaginar la espectacularidad del recorrido, aunque lo mejor es que lo veáis con vuestros propios ojos.
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Red Bull y Bereman, un tándem infalible
Todos sabemos la afición por parte de Red Bull a crear este tipo de eventos donde piloto y máquina se funden para afrontar un arriesgado reto deportivo. Concretamente, el proyecto de Island Hopper se llevaba fraguando desde hacía un tiempo, tal y como explica el propio Bereman en esta entrevista: “Todo este asunto empezó en la Fórmula Uno en Miami hace dos años.”
Continúa: “Red Bull hace algo genial: reúnen a un grupo de atletas de diferentes disciplinas y nos someten a dos días de entrenamiento en lo que llaman una ‘sesión de ideación’. Te enseñan a pensar en una idea, presentarla, simplificarla a una frase y venderla. Un día estábamos almorzando, y yo estaba sentado en la piscina con Parks Bonifay y me mostró una masa de agua y me dijo: ‘Oye, hay seis islas. ¿Crees que puedes saltarlas?’.”
Concluye: “Yo le dije: ‘Bueno, no las he visto con mis propios ojos, pero sí, creo que puedo saltarlas’”. Ahora tocaba diseñar el circuito encargado de unir las seis pequeñas islas mediante las rampas de impulso que Bereman debería emplear para saltar. Para ello contaron con la ayuda de Jason Baker, que junto a Bereman trabajaron juntos para modelar meticulosamente el recorrido.
Según explica Bereman, tras la grabación del video: “Recorrimos todos los puntos de las islas y los marcamos con banderas, y los construimos [en tierra]. Una isla está a dos pies sobre el agua, otra a cuatro pies sobre el agua, así que todo es muy diferente. Tuvimos que diseñar las islas primero y luego transportar tierra para construirlas y así determinar cómo podríamos posicionar los desembarcaderos en ellas. Fue un proceso genial.”
Este proyecto se alargó en el tiempo durante 18 meses, hasta tener lista la pista para la acción. Indudablemente, hubo múltiples ensayos ante de la toma final. El mismo comenta: “pude hacerlo durante tres semanas todos los días, diez tirones completos al día, para tenerlo bien grabado en la cabeza. Fue una bendición tenerlo, pero lo necesitábamos para encajar las piezas del rompecabezas”.
Y el día de la prueba de fuego llegó: “Cuando lo conseguí, estaba a mitad del último salto, apreté el embrague y mantuve la moto a tope. Era la llamada de apareamiento de las motos de cross. En cuanto supe que tenía la distancia, que estaba bien y aterricé, grité, solté la moto y me tumbé en el pasto, intentando asimilar ese momento. Un año y medio de visualización hecha realidad, y eso fue una liberación de emociones.”
24Sin duda toda una proeza deportiva y visual.

