El 8 de marzo de 1857, un grupo de obreras textiles salió a las calles de Nueva York para protestar por las míseras condiciones en las que trabajaban. Pero se tardarían más de 50 años, concretamente hasta 1910 cuando se proclamaría esa fecha como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Curiosamente ese mismo día, la mujer pudo acceder a la Enseñanza Superior en España.
Pero como estamos en una publicación sobre dos ruedas, hemos querido destacar una efeméride que cuenta con dos mujeres como protagonistas allá por 1916. En aquella época, ver mujeres circulando en moto era poco más que una ofensa pública así que imaginad lo que fue que las hermanas Van Buren, Augusta y Adeline, se embarcasen en un viaje de casi 9.000 kilómetros en los que cruzarían Estados Unidos de costa a cosa.
Un viaje político, pero también personal
Las hermanas Van Buren descendían, curiosamente, del octavo Presidente de Estados Unidos. Martin Van Buren estuvo al frente del país entre 1837 y 1841, con la particularidad de que fue el primer presidente de origen no británico ya que su familia era Neerlandesa. Además, también fue el primero en llegar al poder habiendo nacido en Estados Unidos (concretamente en Nueva York) y no como súbdito británico.
Augusta Van Buren era la mayor, habiendo nacido en 1884 mientras que Adeline lo hizo cinco año después. El haber sido descendiente de familia adinerada les hizo relativamente más sencillo que cada una pudiese hacerse con una Indian Model F, cuyo precio en aquella época era de aproximadamente 275 dólares, unos 6.000 euros si lo trasladamos a 2016.
No parece mucho dinero hoy para una moto, pero hay que tener en cuenta que de aquella el sueldo medio en EEUU era de aproximadamente 25 dólares al mes. En Nueva York, donde ambas residían, eran conocidas en los círculos sociales aunque me imagino que más de una apoplejía causarían cuando dijeron que se querían ir a dar una vuelta en moto.
Así que el 4 de julio de 1916 (la fecha no fue escogida al azar) partieron en su épico viaje a lomos de sendas Indian calzadas con neumáticos Firestone. Eso sí, pertrechadas con ropas de hombre tales como pantalones, chaquetas y botas de cuero, lo que les valieron no pocas detenciones en aquellos Estados en los que llevar ropa de hombre por mujeres estaba prohibido.
Decíamos que el viaje tenía un fondo también reivindicativo, de ahí también el año pues en los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial, las mujeres no podían enrolarse en el ejército debido a que no tenían derecho a voto y, por lo tanto, ejercer como mensajeras en moto, uno de los puestos de más relevancia en la WWI. De esta forma ambas hermanas luchaban por demostrar que podían llegar en moto tan lejos como un hombre y, por lo tanto, votar y entrar en el ejército.
El viaje de las hermanas Van Buren
No fue el único momento complicado que pasaron ya que el barro dio paso a la arena y el desierto y en las proximidades de Salt Lake City se desviaron del rumbo y acabaron las existencias de agua. Por suerte se encontraron con otros mineros que les dieron agua y pudieron seguir su camino en dirección a Reno.
Ya en Reno el viaje continuó sin mayores incidencias hasta Los Ángeles, donde llegaron el 8 de septiembre, poco más de dos meses después de haber salido. Curiosamente un año antes, Erwin George “Cannon Ball” Baker hizo el recorrido en sentido contrario creando así una de las carreras más famosas del mundo, La Cannnonball de la que hablamos no hace mucho.
A pesar de haber recorrido según los historiadores, más de 8.000 kilómetros, tanto a Augusta como a Adeline Van Buren les quedó ganas de más y por ello siguieron hasta Tijuana, en México, donde el año anterior había tenido lugar la Exposición Panamá-California.
Como curiosidad, el año pasado cien mujeres realizaron The Sisters’ Centennial Motorcycle Ride, un viaje conmemorando el realizado por las hermanas Van Buren siendo lo más fieles al recorrido original, saliendo de Nueva York y llegando veinte días después a San Francisco.
Tras haber completado el viaje, ambas hermanas intentaron convertirse en mensajeras motorizadas para el ejército americano, pero su solicitud fue denegada. Adeline siguió con su carrera de educadora y más tarde, consiguió el título de derecho mientras que Augusta se convirtió en piloto y se unió a la Organización Ninety-Nines de mujeres piloto, de quien sería Amelia Earhart presidenta tras fundarse en 1929.
Esperamos que, en vuestro día, hayáis disfrutado tanto leyendo este viaje como nosotros mientras os contábamos todos los detalles. Sólo despedirnos con la frase que acuñó Augusta Van Buren tras completar el épico viaje:
Woman can, if she will
(Una mujer puede, si lo desea)










