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La contaminación de la que no escapa ningún vehículo: los neumáticos

Los estudios ponen la lupa sobre el componente de mayor desgaste
Estamos avanzando a un tipo de movilidad que busca ser más respetuosa con el medioambiente y con la salud. Pero no toda la contaminación viene de la emisión de gases…

Cuando uno piensa en la contaminación de los vehículos, lo primero que le viene a la cabeza son la emisión de gases como manera genérica, las “boinas de humo” sobre las ciudades y cómo esto afecta a nuestro día a día. Luego, si nos hacemos un poco más de preguntas al respecto, pasamos a pensar en los procesos de fabricación y la manera en que estos afectan al lugar de producción, incluso en los vehículos eléctricos. Pero lo que no es tan habitual es reflexionar en cómo los neumáticos y su desgaste puede influir.

Al fin y al cabo los neumáticos son una de las cosas que por el momento tienen en común todo tipo de vehículos terrestres. La potencia del motor tiene que transmitirse de manera eficiente al suelo para que podamos movernos del sitio. El caso es que hay un reciente estudio que ha puesto en marcha la empresa independiente Emissions Analytics, que apunta precisamente a los neumáticos como uno de los elementos contaminantes de los vehículos a los que debemos prestar atención.

No es la primera vez que hablamos de las partículas que desprenden los vehículos, y que suponen un gran porcentaje de las partículas en suspensión de las grandes ciudades. Ahora este estudio ahonda en el asunto y nos muestra unas cifras y unas conclusiones, que ponen en el centro de atención componentes que hasta el momento se están pasando muy por alto. En concreto, estiman que los neumáticos son una fuente de contaminación por partículas 1.850 veces mayor que la de los gases de escape de los vehículos modernos.

El tipo de vehículo y su peso también influyen en la contaminación

También han concluido que el tipo de conducción llevado a cabo influye de manera directa, así como el hecho de que el neumático sea nuevo porque es en ese punto cuando su capacidad de emisión de nanopartículas es mayor. Aunque parezca un tema menor, en realidad estamos ante un asunto realmente importante y es que estas micropartículas no solo están diseminadas en el aire, también son arrastradas por el agua y se posan de nuevo en el suelo. El gran problema que se plantea en este punto es que las partículas son inferiores a los 23 nanómetros y eso implica que, por un lado, son muy complicadas de medir y que por otro entran directamente en el torrente sanguíneo con todos los riesgos para la salud que conllevan.

Además, el hecho de que las partículas sean tan pequeñas hace que llevar a cabo normativas al respecto sea más complejo, por lo que el desafío de la industria y de las autoridades es mayúsculo. También han observado que cuanto más pesado es el vehículo también se incrementa su capacidad de contaminación, algo que lleva a la paradoja de que en ese aspecto los vehículos eléctricos son más contaminantes.

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