Desde hace más de un año, el combustible derivado del petróleo en todas sus versiones ha ido experimentando un crecimiento de precios casi contínuo que se había moderado en estas últimas semanas. El mercado de especulación en el que se basa la compra de crudo había repercutido hasta niveles que eran implanteable hace un tiempo, con el litro de gasolina o diésel por las nubes, superando en España incluso la barrera de los dos euros por litros.
Afortunadamente ya en el verano la situación comenzó a moderarse y sin volver a los precios anteriores a la subida, a pesar de que el precio del petróleo había bajado considerablemente, los precios sufrieron una relajación. Mientras, algunos avisaban de que la capacidad de refino no era la óptima y que, por ese motivo, el diésel no había bajado de la misma manera que la gasolina.
Pero la situación se ha vuelto mucho más complicada para nuestros vecinos. La mayor refinería de Francia está en huelga. Como consecuencia, muchos han entrado en pánico y aunque el país vecino tiene una reserva estratégica de 90 días de combustible, el llenado irracional de depósitos ha llevado a que se sufra un desabastecimiento que ha obligado a cerrar 1.742 estaciones de servicio mientras que otras 885 tienen carencia de alguno de los combustibles.

Es una situación complicada de gestionar y, de hecho, aunque por ley los fines de semana no pueden llevarse a cabo repostaje de depósitos de gasolineras, el gobierno galo ha levantado esa prohibición para intentar contrarrestar esta situación límite. Muchos de los franceses han empezado a tener problemas marcados precisamente por ese efecto «papel higiénico» que se vivió al arranque de la pandemia. Para frenar el acopio innecesario y peligroso, incluso se ha prohibido la venta de combustible en lo que técnicamente se conoce como contenedores jerrican, que no es más que bidones homologados para gasolina.
La situación en Francia ha llegado hasta tal punto que ha habido incluso momentos de violencia con un apuñalamiento incluido. Una paranoia colectiva que no se entiende cuando, al igual que sucede en España, el suministro está garantizado para tres meses a pesar de que pueda haber un problema puntual como es el caso. Quienes lo tienen más complicado, eso sí, son los profesionales que dependen del combustible, pero incluso ellos pueden contar con aplicaciones y webs que indican qué gasolineras están abiertas o no.






