El golf es un deporte que permite relajarte de tu día a día, desestresarte y centrarte en la pelotita y la manera en que la llevas hasta el hoyo que toque. Luego, después del golpe, vas andando hasta que llegas a ella y continúas. Sin embargo en su momento alguien decidió que eso de andar y cargar con los palos no era lo suyo, y como los caddies eran caros, el carrito de golf fue la solución perfecta.
fue la solución perfecta porque, era lento, cómodo y seguro, además de que era eléctrico y no hacía ruido. Pues bien, los amigos de Grind Hard Plumbing Co, a los que recordarás de su moto todoterreno, decidieron que esa base era buena para poder construir un buggie y ponerle un motor potente, muy potente. El elegido para acabar con la paz del carrito de golf fue el motor de una Yamaha R1 con sus 180 CV, así que, de entrada, lo del silencio se iba a acabar.
Pero claro, el tema del ruido al final es lo que menos te debe preocupar cuando decides ponerle a un carrito de golf el motor de una superbike. Así que el trabajo detrás de la transformación es tremendamente complejo. Hablamos de un chasis tubular, de asientos, cinturones, dirección, suspensiones, frenos…
El carrito de golf reconvertido en buggie es un desafío al sentido común…
Al final, más que un carrito de golf lo que han terminado creando ha sido un buggie infernal con la carcasa del malogrado carrito, pero con unas carencias tan evidentes en lo que a seguridad se refiere que lo que nos extraña es que alguien se haya atrevido a subirse a él.
Si ya tener casi 200 CV debajo del culo para un cacharro así es algo que haría pensárselo a más de uno, no tener en cuenta que este tipo de vehículos necesitan frenos en las cuatro ruedas, y optar solamente que frenen las de atrás complica mucho la cosa. Hace que conducirlo sea más complicado y, por supuesto peligroso.
¿Pero qué es la vida sin riesgo? Eso es lo que debieron pensar, pues como puedes ver en el vídeo se dedicaron a saltar, a sortear árboles y hacer todo tipo de perrerías. Por eso no es de extrañar que al final llegase el accidente aunque, por suerte, la cita con San Pedro no era para ese día. Y es que cuando no toca, no toca ni aunque te pongas…