Ryuichi Kiyonari es, hasta la fecha y con permiso de Ogura, el último japonés volador que quedaba en activo. Kiyo, como se le terminó conociendo, comenzó a ser conocido por los aficionados en Europa tras el accidente de Suzuka que le costó la vida a Daijiro Kato en 2003.
Aunque en la biografía de Valentino Rossi se habla de Kiyonari en Sudáfrica, la realidad es que el japonés no debutó hasta el GP de Francia, el cuarto de la temporada. Y lo cierto es que sin sobresalir logró sumar 22 puntos en las 13 carreras que disputó, nada mal para un piloto que llegaba en la situación que llegaba, que no conocía los circuitos y que aun así se acercó al top10 en varias ocasiones, consiguiendo la undécima posición en Montmeló y Motegi.
Después de ese 2003, Kiyonari no siguió en el campeonato y se buscó la vida en el BSB donde acabó sexto la primera temporada. En 2005 las cosas le fueron un poco mejor, pero una lesión lo dejaba fuera de combate tres rondas y terminaba subcampeón por detrás de Gregorio Lavilla, además de hacer sus dos últimas apariciones en MotoGP como sustituto en el equipo de Sito Pons.
Aunque logró tres victorias en el WSBK, lo que más se recuerda de Kiyonari es su actuación en la superpole de Donington
Las cosas cambiaban de cara a 2006 y 2007, donde Kiyonari se llevaba los dos títulos y conseguía de esta manera el pase al Mundial de Superbike. Allí estuvo dos temporadas completas (2008 y 2009) consiguiendo tres victorias en su primera temporada y varios podios más.
Aunque quizás lo que más se recuerda de aquella época fue la superpole de Donington donde, bajo el agua, nos deleitó con una conducción espectacular que, casi dos décadas después, sigue siendo una delicia. Dejó el WSBK, pero siguió compitiendo y logrando éxitos, por ejemplo en las 8 Horas de Suzuka donde cuenta con 4 victorias, 2005, 2008, 2010 y 2011.
Su último “paseo” por Europa volvió a ser dentro del WSBK con el Althea Honda y un paquete poco competitivo en 2019, como compañero de equipo de Leon Camier, pero no pudo reverdecer los laureles del pasado.
Ahora, con 43 años, Kiyonari pone punto y final a una peculiar carrera muy a la antigua usanza de los pilotos japoneses.
