A veces conseguir la moto que uno quiere resulta más complicado de lo que nos gustaría. Normalmente se va de presupuesto, bien de lo que tenemos ahorrado, de las cuentas que hacemos al vender la anterior moto o directamente la financiera correspondiente nos dice que si no llevamos la nómina, las escrituras del piso, las siete bolas del dragón y una fotografía dedicada por Julio Iglesias no hay dinero. Normalmente uno tiene dos opciones, presentar todo lo que le piden (ya sea dinero o papeles) o dejar lo de la moto nueva para otra ocasión. Al menos eso es lo que hace la mayoría de la gente, pero no en Rusia, allí las cosas son diferentes.
Si en Rusia quieres una superdeportiva de último modelo y no tienes dinero, el banco no te hace caso y tus padres (con razón) no te hacen caso, te vas al Leroy Merlyn, Bricor,
Quizás la idea no sea la mejor solución, pero el trabajar con el poliestireno expandido es relativamente sencillo y poco a poco se genera la forma que uno quiere. Es en ese punto cuando el “corcho blanco” cumple su cometido, el de hacer de molde para las fibras. De nuevo un viaje a la ferretería o centro de bricolaje y a comprar fibra de vidrio, resina y masilla. Tras la segunda fase la cosa comienza a coger forma y esa deportiva ya está más cerca, pero le falta algo, el color. Así que de nuevo un último viaje para comprar la pintura y “voila” ahora ya si que has cambiado tu viejo cacharro, por una nueva deportiva, al menos a ojos de tus vecinos…




