A la hora de vender una moto hay que tener en cuenta diferentes factores, pero hasta que consigues comprador hay que llamar la atención de la mejor manera posible. Para eso y gracias a las oportunidades que nos proporciona la red, tenemos múltiples plataformas en las que anunciar nuestra máquina.
Pero, ¿qué sucede? Pues que como toda la red, los anuncios de compra-venta y las aplicaciones que se dedican a ello están saturadas de ofertas. Miras a un lado, pam, una moto, al otro, pam, un casco, más allá una espaldera… Y tú solamente habías entrado a cotillear a tu vecino, que te había dicho que vendía su Variant…
El caso es que para poder destacar, además de tener una moto que merezca la pena comprar, necesitas ser creativo. Obviamente que la moto tenga una buena apariencia, los consumibles como frenos, neumáticos, kit de arrastre… tengan todavía una larga vida por delante, hay que trabajarse el anuncio.
Vender una moto puede convertirse en una obra maestra
Pero, claro, trabajarse el anuncio implica tirar de imaginación y preparar también unas buenas fotos. Y al final… todos intentamos hacer lo mismo, por lo que destacar no es tan sencillo a no ser que tengas el talento de este vendedor, que intenta vender una moto muy especial, al menos para él y, al menos, por lo que dice en su anuncio.
Nos trasladamos virtualmente hasta el mercado de compra-venta de Londres, donde un usuario se ha pasado el juego de anunciar su moto de una manera sublime. No es que haya preparado un texto largo y descriptivo en el que nos cuenta que la moto está al día, cuesta 1.600 libras y tiene todo lo que necesitas.
Todo eso lo ha hecho, pero además ha tirado de humor y evocando a las marcas de perfumes, no solamente vende la moto, vende la experiencia, las sensaciones, en lo que te va a convertir esa moto cuando la conduzcas.
Por ahora parece no haberle dado resultado y aunque la moto está en Reino Unido, merece la pena que le des un vistazo a un anuncio tan genial que se permite empezar así:
“Ah, Ducati. El nombre por sí solo evoca imágenes de máquinas ganadoras de carreras conmovedoras, caras y exóticas, destellos rojos de motocicletas bellamente hechas a mano que son lanzadas de cabeza por los pasos de montaña de los Dolomitas a una velocidad aterradora.
Excepto que estás en Londres, en la A12, bajo la lluvia y llegas tarde a tu trabajo de oficina. Y estás conduciendo una Ducati 600ss, no una 900. O incluso una 750. También es el color equivocado. «¡Cristo!» piensas: «Debería haber comprado una Gladius”.