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Hace 70 años, el problema de las emisiones de CO2 y el petróleo ya se sabía, pero no se hizo nada

Las empresas automovilísticas y del petróleo y carbón tienen una responsabilidad en el cambio climático
Fotos: Galgo.com
Hace 70 años, una investigación patrocinada por las principales empresas automovilísticas estadounidenses reconoció el impacto negativo de las emisiones de CO2 en la atmósfera.

No todos los aniversarios son para celebrar. Algunos como el que vamos a mencionar a continuación, sólo sirven para recordarnos que con frecuencia las corporaciones y los Estados no toman las mejores decisiones en torno a lo que es deseable para los seres humanos y para el planeta. Hasta son capaces de ocultar los daños que puede producir una actividad, solo para no ver reducidos sus beneficios.

Hace 70 años, en 1954, una fundación patrocinada por las principales empresas automovilísticas estadounidenses financió una investigación que reconoció el impacto negativo que la emisión de CO2 debida a actividades humanas podía causar en la atmósfera. A pesar de esta información y de haber podido hacer algo al respecto, las empresas del petróleo y del carbón y las empresas de automóviles que financiaron esta investigación, continuaron actuando como si el problema no existiera.

Motos y petróleo

El informe sobre el CO2 y el silencio de los responsables

Air Pollution Foundation es el paradójico nombre de la fundación creada por 18 empresas automovilísticas, entre las que destacan Ford, Chrysler y General Motors, que encomendó la investigación al científico Charles David Keeling, y que debía girar en torno a los niveles de contaminación en el oeste de Estados Unidos. Keeling realizó su investigación en el transcurso de un año, y el resultado fue bastante alarmante.

Sin embargo, no eran noticias nuevas. Ya antes de iniciarse este estudio, el director de investigaciones de la fundación ya había advertido en una carta a las corporaciones automovilísticas. El contenido era sobre los cambios negativos para el clima y para la atmósfera en general, que estaba causando la emisión sin control de gases. Es el caso del CO2, un producto directo de la quema de combustibles fósiles derivados del carbón y del petróleo.

Surtidores

La investigación de Keeling sirvió también para poner en marcha las mediciones de CO2 en la atmósfera, que comenzaron a hacerse de forma regular a partir de 1958. Los datos en ese momento eran apenas un tercio de las que existen actualmente: 422 partes por millón, un 50% por encima del que había antes de comenzar la era industrial (alrededor de 1760).

Decisiones tardías para salvar el medio ambiente

En años posteriores, la industria automovilística en general, y las empresas carboníferas y petroleras en particular, no solo hicieron caso omiso de las conclusiones de la investigación de Keeling, sino que financiaron campañas de desinformación en todo el mundo. Dichas campañas continúan en la actualidad, especialmente cuando se habla del cambio climático y del calentamiento global.

Motos y petróleo

También es cierto que hubo algunos cambios en la elaboración de los combustibles (para eliminar los componentes más dañinos para la salud humana y ambiental), y en el diseño de los motores y en los sistemas de filtros para reducir la emisión de gases.

Pero los cambios más importantes, como poner una fecha límite a la producción de coches con motor de combustión, y la inversión en verdaderas alternativas como los coches eléctricos, fueron resultado de la presión política y social ejercida sobre las corporaciones por distintos gobiernos y grupos ambientalistas. También por una mayor evidencia científica, aunque todas estas empresas supieran lo que estaban haciendo mal desde hace 70 años.

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