El verano pasado Niki Lauda sorprendía con una operación para recibir un transplante de pulmones, que estaban muy afectados desde el accidente que sufrió en Nürburgring en 1976 cuando después de chocar contra los guardarraíles su Ferrari comenzó a arder. Después de estar al borde de la muerte, tras estar cuatro días en coma e incluso recibir la extremaunción, el piloto austriaco se recuperó y volvió para luchar por el que hubiera sido su segundo título, que perdió dramáticamente en la última carrera frente a otro mito de los 70, James Hunt.

Después del accidente Ferrari lo cuestionó a pesar de ganar el título de 1977 y tras dos años con Parmalt Racing se retiró en 1979. Los problemas económicos de su aerolínea (Lauda era un fanático de los aviones) le hicieron volver en 1982 de la mano de McLaren. Estuvo cuatro temporadas en las que luchó contra la nueva generación (Prost, Senna…) y logró vencerlos en 1984 logrando su tercer y último título.
A partir de entonces pasó a un segundo plano en la F1 aunque sin terminar de desvincularse de ella hasta el mismo momento de su muerte. Pero la vida de Lauda fue mucho más que carreras de F1, como decíamos le encantaban los aviones y, por supuesto, las motos.

Durante todo este tiempo se le ha podido ver tanto subido a diferentes motos (carretera, campo, scooters…) como disfrutando de la emoción de las carreras en los circuitos. En su momento tuvo contacto con el mismo Barry Sheene, otra de las estrellas de la época y amigo de Hunt con quien Lauda mantenía una relación de cordialidad a pesar de la rivalidad. De hecho, hace no mucho tiempo, reconocía que “En comparación con la F1, MotoGP es increible”.
DEP Niki



