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Prueba Triumph Speed Triple R 2016: nobleza Racing

Fotos: Triumph/A.Barbanti
La marca de Hinckley nos presenta la sexta generación de un icono de su catálogo. La agresiva naked de litro mejora, se pule y ya compite de tú a tú en el segmento de las street fighter gracias a una buena dosis de electrónica que potencia su excelente equilibrio entre deportividad, efectividad y nobleza.

Aunque el plato fuerte de Triumph para este año sea su renovada gama vintage, con la Street Twin, las Bonneville T120 y las Thruxton como máximos estandartes del universo neo-clásico, no debemos olvidar las profundas actualizaciones de la Tiger Explorer y nuestra protagonista, la Speed Triple.

La saga Speed Triple es la más longeva de la segunda etapa que Triumph inició en 1991, una naked agresiva y con mucha personalidad que ya cuenta con 22 años de historia a sus espaldas. La 900 T309 (885 cc) de 1994 marcó el camino a seguir, con un contundente motor tricilíndrico que se ha convertido en la seña de identidad de la firma británica. Tres años después apareció la T509, una moto completamente nueva con motor de inyección que ya montaba elementos característicos de la personalidad de este modelo como el basculante monobrazo o la doble óptica delantera del modelo. En 1999 el motor creció hasta los 955 cc y la cuarta generación llegó con la 1050 en 2005. Supuso un gran salto respecto a sus predecesoras, con chasis corto, horquilla invertida, pinzas radiales, doble salida de escape bajo el colín, etc. La Speed Triple V se presentó en 2011, la versión R en 2012 y el máximo exponente de ella ha sido la versión especial 94R 2015.

Ahora, la street fighter inglesa se encuentra en plena forma para batirse el cobre frente a una dura competencia capitaneada por la KTM 1290 Super Duke R, la BMW S1000R, la Ducati Monster 1200 R, la Suzuki GSX-S1000 o la Yamaha MT-10, gracias a las mejoras recibidas en el motor (Euro 4), los excelentes componentes, el rediseño general de la carrocería (colín, depósito, cupolino con toma de admisión, etc.) y, sobre todo, la electrónica. Y es que la Speed Triple 2016 ya incorpora acelerador electrónico, 5 modos de conducción (Rain, Road, Sport, Track y Rider), control de tracción (desconectable), ABS (desc.), luz de día e intermitentes de LED, entre otras mejoras.

Calidad Triple

Triumph ha mejorado tanto la Speed Triple 2015 que ahora la versión estándar sube de escalón pasando a denominarse S (13.200 €), manteniendo la R (14.900 €) como buque insignia de la familia naked. Durante la presentación internacional, sólo probamos la R, diferenciándose de la primera en las suspensiones (Öhlins en vez de Showa), el uso de fibra de carbono (guardabarros delantero y tapas laterales del depósito), algunas piezas mecanizadas y los colores específicos (gris mate y blanco).

A simple vista, la Triumph Speed Triple se muestra más compacta, afilada y atractiva que antes, sin perder un ápice de su personalidad. Es más baja y estrecha que su predecesora, además de montar un asiento con un arco de pierna reducido en 2 cm, facilitando las maniobras en parado y que los conductores con menos estatura puedan llegar con los dos pies al suelo. El manillar es estrecho y muy plano, las estriberas no te obligan a flexionar demasiado las piernas y el asiento te invita a cargar peso en el tren delantero. Sobre esta moto te sientes cómodo desde el primer momento. Bien es cierto que, a la hora de maniobrar, la Speed gira poco, debiendo realizar dos o tres maniobras para hacer, por ejemplo, un cambio de sentido en zona urbana.

En marcha en Modo Road, precibes rápidamente la ganancia de par en todo el rango de revoluciones (112 nm a 7.850 rpm), fruto de retocar un motor muy probado. Entre 2.500 y 9.500 rpm el propulsor está más lleno que nunca, tiene mucha fuerza y no te hará falta jugar mucho con las marchas para buscar la “zona buena”. Triumph declara hasta 104 piezas internas nuevas para este tricilíndrico de 1.050 cc que debutó hace una década: pistones, cigüeñal, cámara de combustión, toberas de admisión, sistema de inyección, ECU, culatas, escape, airbox, radiador, etc. La caja de cambio y el embrague son dos aspectos que merecen mención especial, pues era uno de los puntos menos logrados de la generación anterior. Ahora el tacto de la palanca es más suave, se ha ganado precisión y estás apoyado por un embrague antirrebote asistido que dulcifica el accionamiento de la maneta.

La estabilidad de la Triumph Speed Triple R 2016 es intachable

Según van pasando los kilómetros aprecias el excelente trabajo de las suspensiones de la firma sueca, algo fundamental a la hora de alcanzar una confianza ciega sobre tu montura. Por otro lado, las nuevas pinzas delanteras radiales Brembo M4.34 muestran una “mordida” más progresiva de lo que cabría esperar, dulcificando la primera deceleración para intensificarse poco después; un buen compromiso. El contundente freno motor es otra de las características de la Speed, algo que te ayudará a conservar las pastillas.

Triumph declara que, a pesar de los 2 l. menos de depósito (ahora 15.5 l.), la autonomía de la Speed Triple no se ve resentida ya que las modificaciones internas y la nueva centralita heredada de la Daytona 675R compensan la bajada de litros. Aún así, el depósito se me antoja algo escaso si quieres hacer muchos kilómetros por carretera.

La instrumentación también ha sido rediseñada y el cuentarrevoluciones analógico se apoya en una gran display LCD con toda la información necesaria: marcha engranada, consumo medio, autonomía estimada, lap timer, nivel de gasolina, modo de conducción seleccionado, etc.

La Triumph Speed Triple R 2016 declara 192 kg en seco

Calafat R

Tras rodar por las gélidas y reviradas carreteras de montaña tarraconenses, el histórico Circuito de Calafat nos recibe con los brazos abiertos para probar la Speed Triple R sin “ataduras”. Una pista siempre es el mejor escenario para testar las mejoras de cualquier moto y los 140 CV de una Speed Triple calzada con sendos Pirelli Diablo Supercorsa SP no son una excepción.

Las diferentes tandas se resolvieron en Modo Sport y Track, con progresivos ajustes de la horquilla hasta encontrar el comportamiento ideal en el que me encontré más a gusto. Felipe López Córdoba, piloto de desarrollo de Triumph, nos acompañó durante la jornada de pruebas y consiguió un tarado perfecto en mi moto.

Lo más interesante de la experiencia en la pista catalana fue comprobar lo bien que funciona el control de tracción y el ABS en esta nueva generación y es que, de todos es sabido, que la mejor electrónica es la que no se nota. Cada modo de conducción va asociado a un nivel de intervención más o menos intrusivo de los dos controles mencionados, con una última posibilidad Rider para configurarte el funcionamiento y el rendimiento del motor “a medida”. Así, el control de tracción varía en tres niveles mientras que el ABS lo hace en dos. La potencia de la Speed Triple es siempre la misma, pero la respuesta del gas no, ofreciendo tres mapas según el modo elegido para que la entrega de potencia sea más o menos directa. Si te dejas llevar saliendo de los virajes más cerrados con el gas a fondo en marchas cortas, la rueda delantera buscará el cielo, algo nada problemático debido a la sólida horquilla sueca de la montura inglesa.

Con 192 kg declarados en seco, la Speed Triple R se desenvuelve con mucha naturalidad, siempre se muestra neutra en los cambios de dirección, con solvencia y buenas maneras. No es tan ágil como una Street Triple Rx, por ejemplo, pero la sensación de estabilidad y seguridad a sus mandos es muy superior. Y si hablamos de “jugar” en carreteras de curvas o pista, la diversión también está asegurada.

Desde la piña izquierda de la Triumph Speed Triple 2016 controlas los 5 modos de conducción y el menú

Valoración Final

La Triumph Speed Triple R ejemplifica el gran esfuerzo que está realizando la firma británica en los últimos años por ofrecer un producto cada vez mejor. Parece mentira que ya hayan pasado 22 años desde la presentación de la primera generación y sorprende aún más lo que ha cambiado la marca en enfoque y, sobre todo, en calidad.
La Speed Triple R no es una Street Triple «engordada», es otra cosa… mucho más seria. Un modelo para un usuario experimentado que busca una naked deportiva de calidad, con clase, muy eficaz en conducción deportiva pero sin las «estresantes exigencias» de otros modelos de la competencia.
La personalización siempre es un punto a tener en cuenta y en este sentido la Speed dispone de más de 50 accesorios para «armarla» hasta las cejas. De todos ellos, el cambio semiautomático (lo eché de menos durante la prueba), el sensor de presión de neumáticos, la tapa de colín o los escapes Arrow son dignos de mención.

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