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Prueba Moto Guzzi V7 III Carbon 2018: retrocarbonara

Fotos: Javier Ortega
El modelo neoclásico de la firma de Mandello del Lario recibe este año una versión deportiva "Carbon" en formato edición limitada que acentúa su imagen más agresiva. La Moto Guzzi V7 III demuestra, una vez más, su capacidad para adaptarse a todos los gustos.

Que una moto actual tenga medio siglo de historia es algo que sólo está al alcance de pocos fabricantes. Una de ellas es la histórica firma italiana Moto Guzzi, bajo el paraguas del macrogrupo Piaggio, ahora especializada en modelos retro y custom. Su V7 fue un icono en los ’70 y, durante la última década ha ido evolucionando en tres generaciones que la han mejorado mucho por dentro, sin perder la personalidad y el espíritu que siempre la han caracterizado. Su motor en V (longitudinal) con cilindros transversales sigue siendo marca de la casa.

En 2008 Guzzi lanzó la primera generación, una moto que absorbió las líneas maestras de la V7 Sport 750 original. Para 2015 se revisó completamente: caja de cambio de seis velocidades, control de tracción, motor reposicionado y ABS de serie (firmado por Continental) fueron sus principales novedades. Embrague suavizado, nueva bomba de aceite, reposapiés más bajos y neumáticos Pirelli Sport Demon completaron el conjunto. La V7 se mostró en 3 versiones: Stone (urbana), Special (clásica), Racer (cafe racer). El año pasado se presentó la tercera generación: motor revisado (bomba de aceite, cigüeñal, refrigeración, alternador, cilindros, pistones, culata, etc), 52 CV a 6.200 rpm, embrague en seco, relación de cambio, cotas de dirección, amortiguadores, restyling de carrocería, etc. La versión Anniversario (limitada a 750 unidades) se añadió a las tres existentes, mientras que este año han llegado otras cuatro más: Carbon, Rough, Milano y Limited.

De todas ellas, la Moto Guzzi V7 III “Settemmezzo” Carbon va orientada a los corazones más racing, combinando la imagen del ayer con materiales de hoy, como la fibra de carbono en ambos guardabarros y tapas laterales. Otro de sus puntos fuertes es el contraste de colores provocado de mezclar el negro mate que tiñe toda la moto con los toques rojo intenso de la pinza de freno delantera Brembo, las culatas, las costuras de su asiento de tapizado especial o el águila del depósito. La franja central decorativa del tanque completa esta customización de fábrica. La V7 Carbon es una edición limitada a 1921 unidades (la cifra coincide con el año de fundación de la marca) y bebe de las propias fuentes de la casa italiana, una prima-hermana de la Moto Guzzi MGX-21.

La fibra de carbono se deja notar en la Moto Guzzi V7 III Carbon

Carbono de paseo

La pletina del manillar luce el grabado el nº 0329/1921, el asiento tiene varias texturas con costuras muy cuidadas y la fibra de carbono se deja notar por todas partes, síntomas inequívocos de que la Moto Guzzi V7 III Carbon es una moto especial. Manillar ancho, carrocería estrecha, estriberas bajas y los cilindros de su bicilíndrico aflorando bajo el depósito, justo por delante de tus espinillas. Transmisión por cardan, vibraciones a ralentí (menos que antes) y balanceo del motor al acelerar en vacío por efecto del cigüeñal: la V7 no engaña.

La Moto Guzzi V7 III Carbon es una moto fácil de conducir, tranquila, cómoda y que no exige mucho a su conductor. La posición de conducción es relajada, vas totalmente encima de ella (no dentro como las motos “modernas”) y rápidamente te acostumbras a esos “matices” en forma de inercias y leves bamboleos producidos por su motor y las secas reacciones de la transmisión por cardan. Su peculiar sonido, las llantas de palos y los toques “carbonizados” casan perfectamente con esa estampa de la V7 aparcada en la gran ciudad, una combinación “antiguomoderno” que a los más puristas les puede chirriar (para eso ya está la versión Special) pero que desde mi punto de vista es acertada y no desentona.

La gama Moto Guzzi V7 III 2018 se compone de 8 versiones

El motor es más suave que la generación precedente, fácilmente distinguible por el diseño de las culatas. Tiene buenos medios y no está concebido para estirarlo hasta el corte. El control de tracción MGTC, desconectable a través del botón MODE de la piña derecha y con 2 niveles de intervención, es sencillo y reactivo, un plus de seguridad que cubre perfectamente teniendo en cuenta las prestaciones de la Guzzi. A todo esto se une un ABS firmado por Continental que se apoya, sobre todo, en una única pinza Brembo delantera de 4 pistones que muerde un disco flotante de 320 mm y cumple correctamente.

A la V7 no le gustan las prisas ni el estrés, para que no se le acumule el trabajo. Con ella disfrutas del simple placer de conducir, de desplazarte de un sitio a otro, sin mayores exigencias que las impuestas por la propia circulación. Otro gallo le cantaría con una culata de 4 válvulas y refrigeración líquida, pero por ahora hay que ser fiel a la tradición. Esto no quiere decir que sea aburrida, pues si le aprietas un poco también te diviertes, pero las carreteras secundarias ideales, cuanto más estrechas mejor. Sus 209 kg en orden de marcha están dentro de la lógica y, aunque la llanta delantera de 18 pulgadas penaliza un poco los cambios rápidos de dirección comparada con una convencional de 17”, es una medida habitual en el segmento retro así que todo encaja.

El depósito de gasolina es muy generoso (21 litros) y, junto a un motor poco gastón, logras una autonomía media muy interesante que supera los 300 km. El asiento, sin ser una GT, recibe cómodamente a un pasajero para cubrir trayectos cortos-medios sin problemas.

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