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Prueba Triumph Classic 2014: Bonneville, T100, Scrambler, Thruxton

Fotos: fotoAgencia/Triumph
Con sus cuatro modelos retro, la firma británica dispone del mejor reducto posible a la nostalgia si quieres disfrutar de un producto intemporal con un encanto único. Urbana, clásica, campera o cafe racer, tú eliges el estilo.

Todo empezó con la Thunderbird 900 de 1994. Triumph presentaba en el Salón alemán de Intermot su primer modelo retro, un atrevido intento de rememorar la imagen clásica de la marca en la nueva etapa John Bloor (1983-actualidad). Desde entonces, el interés por las versiones vintage ha logrado que los chicos de Hinckley dispongan de cuatro opciones Modern Classic que guardan la esencia de aquellas monturas que la dieron fama en la década de los ’60. Incluso la gama custom no desentonaría junto a estas cuatro bellezas llegado el momento de juntarlas.

La gran pantalla también dio un empujoncito e inmortalizó aquellas “Triumph de toda la vida” partiendo la pana en manos de Marlon Brando, Steve McQueen, James Dean o Elvis Presley. Sí, a finales de los ’60 Triumph exportaba el 60% de su producción a los Estates. Actualmente, las ventas de la gama Classic ocupan una cuarta parte del mercado español de Triumph, una cifra nada desdeñable teniendo en cuenta que se trata de insignes “motos antiguas”. Quizá, su posibilidad de ser conducidas con el carné A2 también las hace muy interesantes.

A nivel técnico todas comparten el mismo patrón de chasis doble cuna de acero, motor bicilíndrico en paralelo refrigerado por aire (865 cc) y suspensiones Kayaba, pero en cuanto a potencia, posición de conducción y comportamiento nada es igual. Los cambios para el año que viene se han centrado en la adopción de nuevos colores, detalles de terminación y escapes con mejor sonido, principalmente. En este tipo de motos se hace muy plausible esa máxima de “cuando algo funciona lo mejor es no tocarlo”.

Bonneville & T100

En 1958 nacía el mito Bonneville, la mejor deportiva de Triumph, que tomó su apellido tras los numerosos récords de velocidad conquistados por el tejano Johnny Allen en el famoso lago salado de Utah pocos años antes. El remake despertó con la llegada del nuevo siglo (denominada como T100) para, cuatro años después, desdoblarse en una versión modernizada con llantas de palos como escalón de acceso a la gama clásica (Bonneville a secas). La T100 es la base sobre la que gira el resto de modelos. Las diferencias entre las dos Bonneville pasan por las llantas (radios o aleación), escapes, pintura, guardabarros y detalles como el asa del pasajero, los fuelles o el asiento.

A pesar de que esta pareja de mellizas comparten motor y chasis, su comportamiento es diferente. Las llanta delantera de radios de 19 pulgadas con neumático 110/90 de la T100 no la hace tan ágil ni rápida en los cambios de dirección como la Bonnie estándar y su rueda de aluminio de 17 pulgadas y goma 110/70. La manejabilidad y los 3 cm menos de altura de asiento de la estándar la transforman en un jueguete, tanto en ciudad como fuera de ella: mi mi preferida. Mi corazón se inclina por la T100, pero mi cabeza apuesta por la Bonneville.

La Bonneville cuesta 8.395 €, la T100 asciende a 9.795 € y la T100 Black (en riguroso negro) 9.295 €.

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Scrambler

La versión campera de esta gama parte de la T100 y es la más joven de las cuatro (llegó en 2006). Su pareja de escapes altos, los neumáticos mixtos y el cubrecárter marcan las diferencias con el resto de modelos, totalmente on-road. En este caso, la potencia desciende de los 68 CV de la Bonnie a 59 CV. Aunque puedan parecer pocos, esos 9 CV se echan de menos cuando te bajas de una y subes en otra. Su imagen es muy poderosa, luchando por ser la referencia del grupo, pero su ergonomía no es de las mejores. Los reposapiés adelantados y el manillar alto hacen que a sus mandos no te sientas tan cómodo ni integrado como en las Bonneville. Cuestión de gustos. El precio de la SCR es de 9.995 €.

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Thruxton

La estética cafe racer tiene un nombre: Thruxton. Lleva con nosotros desde 2004 y es el modelo que atrae más miradas entre los viandantes. Toma su apellido del circuito británico donde Triumph logró un triplete en las 500 millas de resistencia de 1969.

Las “cafeteras” están de moda y los preparadores especializados en este tipo de conversiones sobre motos con esta estética ya son legión. Semimanillares, cupolino, estriberas retrasadas y colín monoplaza transforman a la Bonneville en una deportiva sin concesiones. Precisamente, una de esas aportaciones a la exclusividad, el manillar bajo, es el que penaliza su agilidad en los cambios de dirección ya que la llanta delantera de radios de 18 pulgadas se hace muy pesada y cuesta “hacer palanca” a la hora de girar. Bien es cierto que esto es más notorio a baja velocidad. Las rodillas quedan muy flexionadas debido al alto anclaje de las estriberas y la confianza a la hora de enlazar curva es menor que con los otros tres modelos. Si vas a por nota, te cansas más.

Por otro lado, esto es lo que se espera de una auténtica cafe racer del siglo XXI, una máquina preciosa y con un toque sport que marca la diferencia. Su precio asciende a 9.995 €.

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Valoración final

Lo mejor

  • Agilidad (Bonneville)
  • Imagen (todas)
  • Historia

Mejoraríamos

  • Potencia/ergonomía (Scrambler)
  • Calor del motor en ciudad (todas)

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