Las recientes subastas en Estados Unidos y Francia han dejado claro que no siempre es fácil colocar una moto tan especial como son las Bimota en el mercado de segunda mano. Un ejemplo llamativo ha sido el intento de vender una Bimota KB4 en Las Vegas, una unidad prácticamente nueva, con apenas dos millas recorridas.
Pese a que su precio de catálogo supera los 35.000 euros, la puja más alta se quedó en torno a los 6.800 dólares, muy lejos de lo esperado. La moto ni siquiera llegó a cambiar de dueño, pero el episodio refleja las dificultades de vender un modelo de nicho a precios tan elevados.
El caso de la Tesi H2 Carbon en Francia fue aún más llamativo. Este modelo, del que ya te hablamos, y que nuevo supera con facilidad los 60.000 euros gracias a su carrocería de carbono teñida en verde y a una producción limitada, apenas alcanzó los 36.000 euros en subasta.
Con solo 351 km en el cuentakilómetros y siendo la unidad número 75 de 250, lo lógico habría sido que despertara el interés de los coleccionistas. Sin embargo, las pujas no acompañaron y terminó adjudicándose por poco más de la mitad de su valor de salida.
¿Por qué no son atractivas las Bimota en las subastas?
El problema, según algunos, no está tanto en la moto que son dignas de museo en muchos casos como en el contexto. Bimota sigue siendo un fabricante de nicho, incluso dentro del propio mundo de las motos exclusivas, y su red comercial es reducida a pesar de ir de la mano de Kawasaki.
A eso se suma que, en muchos casos, las presentaciones de los modelos en subasta no están a la altura: fotos mal hechas, localizaciones poco atractivas o simples descuidos que restan valor a máquinas que, sobre el papel, deberían deslumbrar. No obstante, tampoco se trata de una excepción aislada.
Otras subastas de Tesi H2 Carbon en Estados Unidos, en versiones más convencionales en negro, también se cerraron por debajo del precio original, aunque rondando cifras más cercanas a los 60.000 dólares.
Y si se mira a los modelos más antiguos de Bimota, con motores Ducati, Yamaha o Suzuki, la tendencia es aún más evidente: pese a su rareza, muchos pueden encontrarse en el mercado de segunda mano a precios sorprendentemente bajos para lo que representan.
Así que lo que podemos sacar en claro con estas operaciones es que tener una Bimota no es necesariamente un sueño inalcanzable. Eso sí, más que nunca, el mercado dicta sus reglas: el valor de estas motos parece depender tanto de la foto, el lugar y el momento como de la propia exclusividad que ofrecen.