El casco salva vidas. No hay más que añadir a una frase que es irrefutable. El que es el único elemento de seguridad obligatorio en muchos países del mundo, incluido España, es el encargado de preservar lo mejor posible nuestra cabeza tal como demuestran las cifras.
Se puede vivir sin bazo, te pueden trasplantar los pulmones o hasta el corazón, puedes vivir sin apéndice o sin una pierda… Pero en la cabeza está la madre del cordero, no hay recambio y las lesiones son complicadas siempre. Así que por eso decimos que, la mejor inversión que se puede hacer en la moto, es la de decantarse por un buen casco.
Pero, claro, puedes tener el mejor casco del mundo. El más caro, el más eficiente, el que incorpora las últimas medidas de seguridad e incluso el mismo que lleva tu piloto favorito, que como no sepas ponértelo correctamente te va a ayudar entre poco y nada.
¿Cómo es eso de ponerse el casco correctamente?
Bueno, en realidad el proceso es tan sencillo como meter la cabeza dentro y abrocharlo, ¿no? Pues sí y no. Meter la cabeza dentro es un requisito imprescindible, pero para conseguir la mayor seguridad que ofrece el casco lo primero que tienes que buscar es que sea de tu talla. Si no es de tu talla a la hora de una caída puede rotar o salirse y en ese caso las lesiones serán horribles.
Y luego está el segundo punto, que es abrocharlo correctamente. Hay diferentes tipos de cierres, pero todos son eficientes de la misma manera: apretados. Con el cierre de “doble D” o anillas es más fácil de ajustar, es el que se emplea en carreras porque es infalible y sencillo, y siempre te lo puedes apretar al máximo para que no se mueva.
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Luego tenemos los cierres micrométricos y de “macho-hembra”. Como decimos, ambos son efectivos si están bien colocados, pero ¿qué pasa? Pues que mucha gente simplemente se abrocha el casco y no lo aprieta. Deja espacio entre su mentón y la cinta porque no lo ajusta bien, no se han dado cuenta, no les resulta cómodo o cualquier otro tipo de excusa peregrina…
Entonces, con algo tan absurdo (no vamos a entrar a calificar lo que pasa antes en el vídeo, que da para otro artículo) como una caída a baja velocidad, el casco sigue su camino y nosotros el nuestro y, de repente, sin la talla correcta y sin una correcta sujeción nos vemos totalmente desprotegidos.
Y es que a veces un simple gesto te puede salvar la vida.